El Papa pidió ayudar a necesitados, profundizar en el estudio, orar y acudir a la misericordia divina

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Bogotá, Colombia América ( Gaudium Press).- Ayer, en el encuentro con consagrados en el centro de eventos La Macarena de Medellín -durante su cuarto día en Colombia, el Papa habló de cómo el Señor limpia “la vid” de imperfecciones, ejemplificando con la vid la vocación religiosa.

“Desde los comienzos, a quienes les toca acompañar los procesos vocacionales, tendrán que motivar la recta intención, un deseo auténtico de configurarse con Jesús, el pastor, el amigo, el esposo. Cuando los procesos no son alimentados por esta savia verdadera que es el Espíritu de Jesús, entonces hacemos experiencia de la sequedad y Dios descubre con tristeza aquellos tallos ya muertos. Las vocaciones de especial consagración mueren cuando se quieren nutrir de honores, cuando están impulsadas por la búsqueda de una tranquilidad personal y de promoción social, cuando la motivación es «subir de categoría», apegarse a intereses materiales, que llega incluso a la torpeza del afán de lucro. Como he dicho ya en otras ocasiones, el diablo entra por el bolsillo. Esto no es privativo de los comienzos, todos nosotros tenemos que estar atentos porque la corrupción en los hombres y mujeres que están en la Iglesia empieza así, poco a poco, luego -nos lo dice Jesús mismo- se enraíza en el corazón y acaba desalojando a Dios de la propia vida”, dijo el Pontífice.

Tras recordar que Santa Laura Montoya -la primera y única santa colombiana- es ejemplo “de entrega silenciosa, abnegada, sin mayor interés que expresar el rostro maternal de Dios”, el Pontífice invitó a “mantener una relación vital, existencial, de absoluta necesidad” con Jesús. Para la realización de esto, el Papa propuso tres maneras concretas, que se hacen efectivas en cuatro prácticas:

Primero, seguir el ejemplo del Buen Samaritano: “Ternura y firmeza en la denuncia del pecado y el anuncio del Evangelio; alegría y generosidad en la entrega y el servicio, sobre todo a los más pequeños, rechazando con fuerza la tentación de dar todo por perdido, de acomodarnos o de volvernos sólo administradores de desgracias”.

Segundo, el estudio de la persona de Cristo y la profundización en la Palabra de Dios, “despertando y sosteniendo la admiración por el estudio que acrecienta el conocimiento de Cristo porque, como recuerda san Agustín, no se puede amar a quien no se conoce (cf. La Trinidad, Libro X, cap. I, 3). Privilegiando para ese conocimiento el encuentro con la Sagrada Escritura, especialmente el Evangelio, donde Cristo nos habla, nos revela su amor incondicional al Padre, nos contagia la alegría que brota de la obediencia a su voluntad y del servicio a los hermanos. Quien no conoce las Escrituras, no conoce a Jesús. Quien no ama las Escrituras, no ama a Jesús”.

Tercero, el recurso asiduo a la oración. “Permanecer y contemplar su divinidad haciendo de la oración parte fundamental de nuestra vida y de nuestro servicio apostólico. La oración nos libera del lastre de la mundanidad, nos enseña a vivir de manera gozosa, a elegir alejándonos de lo superficial, en un ejercicio de auténtica libertad. Nos saca de estar centrados en nosotros mismos, escondidos en una experiencia religiosa vacía y nos lleva a ponernos con docilidad en las manos de Dios para realizar su voluntad y hacer eficaz su proyecto de salvación. Y en la oración, adorar. Aprender a adorar en silencio”, expresó Francisco.

El Papa también recordó que ser consagrado no es sinónimo de impecable. “Seamos hombres y mujeres reconciliados para reconciliar. Haber sido llamados no nos da un certificado de buena conducta e impecabilidad; no estamos revestidos de una aureola de santidad. Todos somos pecadores y necesitamos del perdón y la misericordia de Dios para levantarnos cada día; Él arranca lo que no está bien y hemos hecho mal, lo echa fuera de la viña y lo quema. Nos deja limpios para poder dar fruto”.

Tras proponer esas formas de acción concretas, el Pontífice manifestó que quien permanece en Cristo vive la alegría verdadera, la de la vida nueva que Cristo ha traido, y que esa esperanza la esparcirá por doquier.

Finalmente tuvo el Papa unas palabras de esperanza sobre Colombia. “El Señor ha puesto su mirada sobre Colombia: ustedes son signo de ese amor de predilección. Nos toca ofrecer todo nuestro amor y servicio unidos a Jesucristo, nuestra vid. Y ser promesa de un nuevo inicio para Colombia”. Pidió las bendiciones de Dios sobre la vida consagrada en Colombia, y que rezaran por él.

Gaudium Press / SCM

http://es.gaudiumpress.org/content/89791#ixzz4sLztnn2z

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