Trump prometió anular la deuda de Puerto Rico; 24 horas después, su gobierno dijo “no”

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Washington, Estados Unidos.- Donald Trump aparentemente engañó a Puerto Rico en su momento más vulnerable, al prometer anular su deuda impagable sólo para que, 24 horas después, su gobierno retirara la oferta, mientras su visita a la isla, coreografiada no para enfocarse en la crisis humanitaria, sino en el “gran trabajo” del presidente, fue opacada por los hechos de una respuesta tardía y limitada de la Casa Blanca al desastre, mientras corrían las imágenes de un presidente lanzando, como si fuera deporte, paquetes de toallas de papel a puertorriqueños ahogados en, tal vez, la peor crisis de su historia moderna.

El gran comediante satírico Stephen Colbert, conductor del programa nocturno The Late Show, resumió la visita así la noche del martes: “hoy –son 13 días después del huracán María– otro desastre más azotó a Puerto Rico. Donald Trump visitó la isla”.

Trump pareció jugar con el desastre durante la visita este martes, quejándose medio en broma que había tenido un impacto negativo en el presupuesto federal, porque “hemos gastado mucho en Puerto Rico” (algo que no mencionó en sus visitas a Florida y Texas para atender las consecuencias de huracanes ahí). En un momento, mientras veía cajas de linternas, comentó: “ustedes ya no necesitan éstas”, aparentemente sin entender que 92 por ciento de la isla sigue sin luz, y una y otra vez repetía una frase rara en medio de un desastre mientras consolaba a gente o entregaba ayuda simbólica: “que la pasen bien” (“have a good time”).

En una conferencia de prensa con el gobernador de la isla, Ricardo Rossello, de lo que se llama un “Estado libre asociado”, Trump celebró que sólo hubo 16 muertes, y que eso no era nada comparado con la tasa mortal de Katrina hace unos años.

Insistió en que “ahora ha sido reconocido el gran trabajo que hemos hecho”, pero cuando despegó el avión presidencial para regresar a Estados Unidos, la abrumadora mayoría de los 3.5 millones de ciudadanos estadunidenses en la isla seguían sin luz, sin agua potable y pocas horas después las autoridades locales, de repente, confesaron que la cifra oficial de muertos era más del doble de lo recién anunciado: 34.

Más aún, ante la única noticia positiva de la visita, la sorprendente afirmación de Trump de que se tendría que buscar eliminar la deuda pública, la Casa Blanca sencillamente declaró 24 horas después, que eso no procederá. Mick Mulvaney, director de la oficina de presupuesto de la Casa Blanca, declaró el miércoles que el mensaje del presidente no es literal, y sentenció: “No vamos a pagar esas deudas. No vamos a rescatar a los que tienen esos bonos”, reportó Bloomberg. En otra entrevista, con CNN, afirmó: “No vamos a abordar las dificultares fundamentales que tenía la isla antes de la tormenta”.

Puerto Rico tiene una deuda impagable de más de 73 mil millones de dólares que ha sido pretexto para imponer una junta fiscal independiente que administra un paquete severo de austeridad, bajo el cual ya han cerrado más de 100 escuelas públicas y decenas de hospitales. Ahora con los huracanes, está por quedarse sin fondos de operación de su gobierno a finales de este mes si el Congreso de Estados Unidos no aprueba miles de millones más en recursos de emergencia.

No obstante, Trump declaró que su gira del martes por la isla “fue una gran visita”, y que los que critican su esfuerzo son promotores de “noticias falsas”.

De hecho, días antes de su viaje, atacó directamente a la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulin Cruz, porque se había atrevido a contradecir al presidente y su equipo sobre los esfuerzos de Washington para responder a la crisis provocada por los huracanes Irma y María. “Capacidad de liderazgo tan pobre de la alcaldesa de San Juan”, tuiteó el presidente el sábado pasado mientras se preparaba para jugar golf. En su visita, Trump sólo intercambió un saludo, pero no permitió que hablara la alcaldesa en las presentaciones públicas. Ella consideró que la visita fue “insultante al pueblo de Puerto Rico”.

Frente las crecientes críticas de la respuesta de su gobierno a la crisis en Puerto Rico en los primeros días, Trump tuiteó que sus críticos eran “ingratos políticamente motivados” y en un momento se molestó a tal nivel que decidió ofender a casi toda la isla, quejándose que los puertorriqueños: “quieren que todo se haga para ellos cuando debería de ser un esfuerzo comunitario”.

Ante el espectáculo político de Trump durante este desastre, junto con lo que consideran una respuesta lenta a la crisis, la diáspora puertorriqueña en Estados Unidos se ha movilizado para hacer todo lo posible por apoyar a su pueblo mientras expresa su furia con Trump.

Lin-Manuel Miranda, creador de la obra Hamilton que se presenta en Broadway y que se ha vuelto un fenómeno nacional, ganador del Premio Pulitzer, e hijo de padres que migraron de Puerto Rico, y quien ha sido parte de un coro de figuras culturales y políticas que ha estado promoviendo solidaridad para la isla, ya no aguantó el ataque contra la alcaldesa del presidente y escribió en un tuit: “Te irás directamente al infierno, @realDonald Trump. No habrá largas colas para ti. Alguien te dirá, ‘por aquí señor’. Abrirán el camino”. Agregó más tarde: “ella ha estado trabajando 24/7. Tu has estado golfeando”.

El cantante Marc Anthony tuiteó la semana pasada, mientas crecía la crisis: “Señor Presidente ya chingados sobre la NFL. Haga algo para nuestra gente necesitada en Puerto Rico. También somos ciudadanos estadunidenses”.

Políticos como los representantes federales Luis Gutierrez de Chicago y Nydia Velazquez de Nueva York, entre otros a nivel estatal y local en Illinois, Nueva York, Nueva Jersey y Florida –donde se concentra la diáspora puertorriqueña–, siguen intensificando la presión sobre Washington para responder a la crisis.

Con más de 100 mil casas destruidas, sin luz ni agua potable, y daños posiblemente mayores a su PIB anual, los 3.5 millones de habitantes de Puerto Rico siguen a la espera de la capital, donde, a pesar de ser ciudadanos estadunidenses, no tienen representación en el gobierno (no tienen derecho a voz ni voto en el Congreso ni en las elecciones federales).

Mientras tanto, el tema de Puerto Rico ya no está en la agenda de la Casa Blanca que ahora está enfocada en cómo reducir impuestos sobre los más ricos y otras prioridades.

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