La visita del Papa Francisco a Chile estuvo marcada por las discordancias y dualidades

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Santiago, Chile.- La segunda jornada de la visita del papa Francisco a Santiago estuvo marcada por las discordancias y dualidades de la sociedad. En dos ocasiones el pontífice ha hecho referencia a los abusos sexuales del clero. Sin embargo, no ha tenido eco en la comunidad chilena que se siente muy agraviada por las traiciones del clero.

En Santiago el día ha sido caluroso, feriado por la visita de Francisco, en esta segunda jornada la ciudad tiene un sabor a domingo. Poco tráfico y un día de asueto para ver al Papa, sea en las calles o por la televisión. Ha concluido, este martes, su segundo día de actividades en una visita tensa y de discrepancias.

Siguen los atentados a iglesias y capillas chilenas. Hasta ahora nueve han sido blanco de ataques incendiarios desde la semana pasada. En plena visita, otras tres iglesias católicas fueron atacadas durante la madrugada de este martes.

Dos de los atentados dañaron capillas e iglesias católicas en la localidad de Cunco, a unos 700 kilómetros de Santiago, en la región de La Araucanía, que resultaron totalmente consumidas por las llamas, según informó el cuerpo de bomberos de la localidad.

En plena misa, la policía disolvió la “marcha de los pobres”, convocada por varias organizaciones sociales en protesta contra la visita del papa Francisco a Chile; cerca de 20 personas fueron detenidas en la manifestación, que no estaba autorizada, a la que acudieron unas 300 personas, para tratar de dirigirse hacia el parque O’Higgins. Por ello, los cuerpos de seguridad han reforzado las medidas de seguridad pero no han sido suficientes ni eficaces.

Por la mañana, luego de visitar a la presidenta Michelle Bachelet, en el Palacio de la Moneda, el Papa se trasladó hacia el parque O’Higgins para celebrar la primera misa en suelo chileno, cuando se dirigía en el Papamóvil una persona le arrojó un objeto a la cara, al parecer una gorra húmeda. El Papa desestimó el agravio y continuó como si nada hubiera ocurrido. El hecho incomodó a todos y generó preocupación no sólo entre los fieles, sino también entre sus escoltas.

Salvo en La Habana, en 2015, el papa Francisco no había encarado a una sociedad que lo confrontara como en Chile.

En la misma misa en Santiago, afuera y adentro, feligreses pedían la destitución del obispo Juan Barros, de la diócesis de Osorno, por haber protegido y ser cómplice de los abusos del religioso que mayor indignación causó en este país: el sacerdote Fernando Karadima.

El Papa parece no dimensionar este hecho y la jerarquía local tampoco. El escándalo ha calado muy hondo en la sociedad y está irresuelto. Mal informado o por terquedad, Francisco ha mantenido a este victimario Barros como una llaga abierta. Incluso acusó a los feligreses osorninos de ser “tontos y zurdos”, que buscan líos.

Sabe bien de las tensiones, por ello, muy temprano en la mañana ante Bachelet en el Palacio de la Moneda, dijo: “no puedo dejar de manifestar el dolor y la vergüenza que siento ante el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia. Me quiero unir a mis hermanos en el Episcopado, ya que es justo pedir perdón y apoyar con todas las fuerzas a las víctimas, al mismo tiempo que hemos de empeñarnos para que no se vuelva a repetir”.

Más tarde, con los religiosos, Francisco retomó el tema desde otra óptica: el costo que han tenido los escándalos para la Iglesia: “Conozco el dolor que han significado los casos de abusos ocurridos a menores de edad y sigo con atención cuánto hacen para superar ese grave y doloroso mal. Dolor por el daño y sufrimiento de las víctimas y sus familias, que han visto traicionada la confianza que habían puesto en los ministros de la Iglesia. Dolor por el sufrimiento de las comunidades eclesiales, y dolor también por ustedes, hermanos, que además del desgaste por la entrega han vivido el daño que provoca la sospecha y el cuestionamiento, que en algunos o muchos pudo haber introducido la duda, el miedo y la desconfianza. Sé que a veces han sufrido insultos en el Metro o caminando por la calle; que ir vestido de cura en muchos lados se está pagando caro”.

Hay un dejá vu en su planteamiento. Lo hemos escuchado en repetidas ocasiones con Benedicto XVI. Solicitar perdón es un recurso desgastado y hasta retórico. Los chilenos esperan acciones categóricas. Por ello, grupos laicos de la provincia de Osorno y hasta sacerdotes reclaman en medios que si bien el Papa ha pedido perdón, no hay cambios, no hay remoción de obispos.

El vocero de los laicos de Osorno, Juan Carlos Claret, aseguró que el discurso de Francisco queda “con sabor a poco”. Exige la salida del obispo Juan Barros por su participación como encubridor de los abusos sexuales de Fernando Karadima.

Y no sólo se manifiestan activistas defensores de víctimas de abuso, también lo hacen actores relevantes de la vida social y política de Chile. Por ejemplo, encontramos una fuerte declaración de la esposa del ex presidente chileno Eduardo Frei, quien criticó este martes en duros términos al Papa sobre su solicitud de perdón por los abusos a niños por parte de curas en Chile. “No le creo nada”, sentenció la ex primera dama Marta Larraechea, según destacó el diario La Tercera.

Llama a religiosos a no quedarse en la desolación

Por la tarde de este martes, Francisco se reunió con religiosos y obispos. Reconoció la crisis de la Iglesia como horas de grandes turbulencias y pidió a los presentes “no quedarse rumiando la desolación” y no seguir anclados al pasado frente a los tiempos desafiantes de cambios.

Recomendó no avergonzarse de las llagas que tiene la Iglesia, así lo dijo: “Una Iglesia con llagas es capaz de comprender las llagas del mundo de hoy y hacerlas suyas, sufrirlas, acompañarlas y buscar sanarlas. Una Iglesia con llagas no se pone en el centro, no se cree perfecta, sino que pone allí al único que puede sanar las heridas y tiene un nombre: Jesucristo”.

Minutos después, a los 34 obispos en activo y cerca de 20 eméritos, les recomendó evitar el clericalismo y no seguir siendo autorreferenciales; no sólo buscar la autopreservación eclesiástica, sino tener la identidad como pueblo de Dios.

El encuentro con reclusas en el centro penitenciario femenino San Joaquín, en Santiago, fue muy emotivo. También el acto en el Hogar de Cristo, icono de la solidaridad jesuita impulsada por el histórico Alberto Hurtado, estuvo lleno de calidez.

Los contrastes de una visita objetada fieramente por unos y apoyada por otros refleja el ánimo de los chilenos frente a la Iglesia. Los contrastes de una visita objetada duramente por unos y aprobada por otros. Los medios centrados en los claroscuros del papa Francisco frente a la pederastia clerical; como intuyendo un desenlace de nota, o quizá, provocarla.

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