Nuevo Laredo marca el devenir de la votación

0

Por: Alberto Guerra Salazar
CIUDAD VICTORIA, (ASI).— Los candidatos de todos los partidos políticos enfrentan al adversario más duro de roer y no tiene siglas ni colores, pero hace temblar a más de uno, sobre todo porque frente a él son vulnerables, débiles, casi indefensos. Se llama Unidad Técnica de Fiscalización.

No exageramos cuando le decimos al lector, que conocemos de un candidato que hasta renuncia a salir a la calle con tal de no encontrarse con los representantes del INE que actúan como auditores, para revisarles hasta el pago de un paquete de chicles.

Magdalena Peraza Guerra, la anciana que quiere ser presidenta municipal de Tampico por tercera ocasión, denunció públicamente que el INE se había convertido en su sombra pues la acosaba día y noche, espiándola para descubrirle irregularidades durante su campaña. Crea fama y échate a dormir.

No tenía la septuagenaria delirios ni ataques de paranoia, porque existe ese asedio de los auditores del INE-IETAM pero no sólo contra ella como lo denunció (es una ignorante de la normatividad electoral), sino que es pareja la fiscalización en los gastos de campaña.

El INE dejó de ser una institución de buena fé, porque perdió la confianza y la credibilidad en los candidatos pues anteriormente recibía sus reportes de gastos de campaña y una posterior revisión ponía al descubierto las irregularidades, cometidas sin querer queriendo, o de plano, con la intención de engañar.

El reglamento de fiscalización del INE se aprobó en el año 2014 pero las posteriores reformas, la última de fecha de enero de 2018, lo convirtieron en un ente de carácter intimidatorio, persecutor, que abruma, acorrala, asusta, somete y sitia a los candidatos.

Es un mamotreto de 306 hojas que contiene 406 artículos, que autoriza al INE a asumirse como en el coco de los candidatos. Haga de cuenta el lector, una auditoría fiscal. Superman es muy macho, pero hasta a él se le aflojarían los calzones.

Así andan los abanderados de todos los partidos. El árbitro electoral les pide una agenda de actividades de los próximos siete días, y luego los persigue para comprobar que las cumplan, para tomar nota de todos sus gastos, así sean los más insignificantes.

Nos tocó ver a auditores del INE el 5 de abril en Reynosa, en el mitin de Andrés Manuel López Obrador en la colonia Lomas de Jarachina Sur, revisando hasta el número de serie de una modesta planta de generación de electricidad, que mantenía funcionando al equipo de sonido.

Pero no le dimos importancia. “A lo mejor creen que la máquina es robada”, comentamos en broma a un colega y luego seguimos el desarrollo de los discursos.

El problema de esta severa e implacable contabilidad de erogaciones, es que las sumas acumuladas puedan rebasar el tope de gastos autorizado y ser causal de anulación del triunfo electoral de algún candidato.

Los auditores son tan estrictos, que pueden cargar como gasto de campaña, que el candidato pague una “chaineada” (aseo del calzado) con cien pesos al modesto lustrador, sin aceptar el vuelto, cambio o diferencia.

El monitoreo incluye uso de vehículos, equipos de sonido, animadores, reparto de camisetas, cachuchas, lonches, refrescos, para certificar además, el origen del dinero.

No es poca cosa si se acumula con otros cargos como por ejemplo, el costo de comidas que le ofrezcan simpatizantes, pues no les creen que son espontáneas o desinteresadas.

En Nuevo Laredo, el candidato a la reelección Enrique Rivas Cuéllar ingenió un modo de tratar de engañar a los auditores (es su especialidad), pues consigue hacerse invitar en eventos públicos de particulares, como bodas, quinceañeras, bautizos, graduaciones escolares y hasta funerales, para colgarse de esas lianas y emitir sus mensajes, gratis.

La última vez le fue muy mal, el sábado anterior, y teniendo además de invitado a su jefe político estatal (bueno, al hermano), Ismael García Cabeza de Vaca, candidato del PAN al Senado.

Sucede que el presidente municipal con licencia Enrique Rivas Cuéllar llevó a Ismael y a Salvador Rosas Quintanilla, candidato a diputado federal, a una fiesta organizada por una universidad privada, en honor de su personal femenino con motivo del Día de las Madres.

Pero al llegar al Centro Cívico “Carlos Enrique Cantú Rosas” su vehículo de campaña fue interceptado por una multitud de ciudadanos que pertenecen a un colectivo de personas desaparecidas, pidiendo con pancartas y mantas, que les ayudaran a conseguir justicia.

Los tres políticos del PAN se negaron a atender a la gente y rompieron el cerco tendido en torno suyo hasta conseguir entrar al recinto, pero sólo para asustar a las mujeres que creyeron que el incidente podía tornarse violento y abandonaron en tropel el evento.

Ismael, Rivas Cuéllar y Chava Rosas también optaron por retirarse, pero los manifestantes quisieron retenerlos a la fuerza pero sin tocarlos, y cuando emprendieron la marcha en su camioneta, fueron atacados con cubos de plástico y golpeando con las manos la carrocería.

Ismael nunca estuvo en peligro a juzgar por la nube de guaruras, custodios, guarda-espaldas o escoltas que lo rodeaban, caracterizados por los chalecos caqui y los chícharos o escuchas en los oídos.

Enrique Rivas Cuéllar sabía que iban a arruinarle la fiesta privada que quiso convertir en mitin gratis para su campaña, y por eso empleó como despiste una camioneta suburban sin adornos que los identificara, excepto los cuernos de vaca, que es la marca de la casa.

Los videos que recrean ese accidentado episodio político que tuvo resonancia nacional, exhiben también el gran número de camionetas Suburban cargadas de hombres armados que se encargan de su protección.

El candidato a senador canceló las otras actividades del programa y abandonó la ciudad echando pestes contra Enrique Rivas Cuéllar. Ese repudio popular contra los funcionarios y candidatos del PAN en Nuevo Laredo, es presagio de la manera en que votarán el domingo 1 de julio.

Otro candidato con problemas es Oscar Almaraz Smer, también buscador de la reelección en Ciudad Victoria, pues se discutió en el Cabildo la extraña licitación de un contrato por 18 millones de pesos, para la compra de medicinas.

Los ediles pidieron explicaciones de la participación de una sola empresa, pero además, quieren saber dónde quedaron las medicinas, porque la opacidad sigue caracterizando a ese Ayuntamiento.

El presidente municipal interino Alejandro Montoya Lozano consiguió que autoridades militares atendieron el reclamo ciudadano, de más vigilancia y protección para la capital de Tamaulipas, pues agendaron una reunión con el tema.

Esta valiente postura del edil obligó al gobierno estatal, panista, a emitir una declaración de que está vigente el convenio de colaboración con SEDENA y SEMAR, pero voceros castrenses fronterizos lo desmienten.

El nuevo jefe edilicio victorense pidió el regreso de dos mil soldados, que abandonaron Tamaulipas debido a que ya no les pagan el bono o complemento económico instituido por Egidio Torre Cantú.

Diputados panistas que tienen el manejo del Congreso local reconocieron que no conocen si está firmado o no el convenio con las fuerzas federales, lo que pone en evidencia que no les interesa el bienestar de los tamaulipecos.

Rematamos la colaboración con el apunte de que Meade Kuribreña empezó a recibir refuerzos del PAN, como el apoyo que públicamente le dio Ernesto Cordero Arroyo, presidente del Senado.

No podía ser de otra manera, pues el PRI puso a Cordero en esa posición. Margarita Zavala aparecerá pronto en eventos del candidato presidencial del partido tricolor. No pide que voten por él, pero ni falta que hace.

Cumplió años el periodista de Reynosa Cosme Ornelas Rico.

Correo electrónico: albertoguerra65@hotmail.com

Compárte esta noticia:

Déjanos tu comentario