Al año, 118 personas por cada 100 mil habitantes padecen la enfermedad vascular cerebral

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Ciudad de México.- La enfermedad vascular cerebral (EVC) es un padecimiento crónico degenerativo que se presenta, generalmente de manera sorpresiva, en adultos, siendo más susceptibles las personas de la tercera edad. Ocurre cuando una arteria se obstruye en el cerebro produciendo interrupción o pérdida repentina del flujo sanguíneo cerebral, o bien como resultado de la ruptura de un vaso, dando lugar a un derrame.

La EVC repercute en la funcionalidad e independencia del paciente, y dependiendo de la gravedad del daño es la causa más común de incapacidad en adultos mayores. Su aparición está asociada a personas con presión arterial alta, diabetes, cardiopatías congénitas, colesterol alto y obesidad. En México, se estima una incidencia de 118 personas por cada 100 mil habitantes al año, de acuerdo con el Instituto Mexicano del Seguro Social.

En la actualidad hay programas computarizados diseñados para rehabilitar o mejorar funciones cognoscitivas en pacientes con EVC. En países industrializados estos programas se comercializan a altos costos y no se ha comprobado su efectividad en distintas enfermedades como en la EVC, en la que, al interrumpirse el flujo sanguíneo en el cerebro, se impide que el tejido cerebral se oxigene y reciba nutrientes, ocasionando problemas de lenguaje, movimiento, atención y memoria.

Con el proyecto “Evaluación del entrenamiento cognoscitivo y análisis de biomarcadores de estrés oxidante en sujetos de la tercera edad, con secuelas de enfermedad vascular cerebral”, Laura Elisa Ramos Languren obtuvo una de las cinco Becas para Mujeres en la Ciencia L’Oréal-Unesco-Conacyt-AMC 2018 en el área de ciencias naturales.

“En la medida que los sujetos reciban intervenciones más adecuadas serán más independientes en el desarrollo de su vida diaria a pesar del deterioro sufrido”, dijo la profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México en entrevista con la Academia Mexicana de Ciencias, la asociación responsable de evaluar los trabajos de las candidatas a las Becas.

Ramos Languren trabajará con un grupo de pacientes del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía (INNN) y del INR con enfermedad vascular cerebral. A los candidatos se les realizarán pruebas para probar que no tengan un deterioro grave ni padezcan otras patologías neurológicas ni psiquiátricas como Alzheimer.

La doctora en ciencias biomédicas añadió que otros criterios de selección serán: pacientes de primera vez en un rango de edad de 50 a 80 años, en los que esté comprobada la enfermedad a través de imagenología, no tengan infecciones generalizadas, se comprometan a estar en el entrenamiento, no tengan antecedentes de abuso de alcohol o drogas y no hayan participado en un estudio similar.

Una vez reclutados los participantes, se dividirán en un grupo experimental y uno de control. Se les tomarán pruebas de sangre para el análisis en plasma de biomarcadores de estrés oxidante pues algunas enzimas indican cuando un evento vascular genera moléculas oxidantes en el organismo; con tomas cada cierto tiempo se podrá observar si se va retrasando el deterioro.

Además, “los sujetos completarán un total de 20 sesiones de entrenamiento. Considerando los problemas de traslado, los sujetos que así lo requieran podrán acceder vía remota mediante una contraseña asignada. El programa computarizado que se utilizará en el presente proyecto fue desarrollado y estandarizado en el INR, y cuenta con dos versiones: el experimental, donde el entrenamiento es progresivo; y de control, donde el nivel de dificultad no cambia. Al concluir el entrenamiento se hará una segunda medición de los parámetros mencionados”, explicó la especialista.

Se realizará el análisis estadístico para cada medición y los resultados obtenidos permitirán retroalimentar a los sujetos y proponer estrategias más eficientes, así como publicar artículos en revistas científicas y congresos. “Con este proyecto —indicó Ramos Languren— se pretende esclarecer parte de los procesos neuropsicológicos, fisiológicos y biológicos que subyacen a las secuelas por EVC en adultos mayores y brindar estrategias de rehabilitación cognoscitiva para que tengan una recuperación funcional y una mejor adaptación en su vida cotidiana”.

La joven científica indicó que los recursos de la beca serán empleados para la adquisición de equipo de cómputo y compra de los reactivos necesarios para los análisis bioquímicos de las muestras de sangre.

Respecto a la distinción, dijo sentirse muy agradecida, “porque estos reconocimientos nos favorecen como mujeres y como jóvenes; el hecho de ver que vamos formando una experiencia y las jóvenes que vienen atrás de nosotras nos ven como ejemplo a seguir, es motivo de orgullo. El reconocimiento nos ayuda a impulsarnos en nuestra carrera y a continuar esforzándonos en la investigación”.

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