Los católicos bizantinos de Ucrania celebran Navidad el día 7, con amenaza de guerra en el este

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Kiev, Ucrania, Europa.- La Iglesia Católica Griega de Ucrania, junto con las Iglesias ortodoxas en Ucrania, celebran la Navidad el 7 de enero según el antiguo calendario juliano (que se usaba también en Europa Occidental hasta que el Papa Gregorio XIII lo cambió en 1582).

Sviatoslav Shevchuk, arzobispo mayor de los católicos de rito bizantino en Ucrania, que son unos cuatro millones y medio, ha comentado la situación del país en su mensaje de Navidad, lamentando la “guerra olvidada en nuestro país”.

En su Mensaje, titulado: “Celebrar la Navidad significa estar lleno de la paz del cielo y decir no a la violencia”, el arzobispo explica que Jesús es el príncipe de la paz, pero no en el sentido de que es una “persona que tiene poder y fuerza”, sino en el sentido de que su poder”, el poder de Dios está en el ministerio, la fuerza de Dios está en el amor. Ilimitado y desinteresado, el amor fiel y sacrificado de Dios por sus naturalezas”.

No votar a los partidos que incitan a la violencia

El arzobispo Shevchuk analiza en su mensaje, la situación interna de Ucrania que está próxima a elegir un nuevo presidente. Al respecto el líder de la Iglesia Católica Griega aconseja a no elegir a los representantes de los partidos políticos que incitan a la violencia o promueven conflictos, sino a aquellos que promueven “una cultura de paz”, que enlaza con el mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz, cuyo tema este año es “La buena política está al servicio de la paz”.

“Jesús –según la profecía de Isaías- es el príncipe de la paz, que espera toda la humanidad, porque este Mesías vendrá a restaurar “la armonía en las relaciones entre las personas” y “eliminar toda violencia”. Del “hombre contra otro hombre”, se lee en su Mensaje y añade: “Dios creó al hombre para la paz” y “a pesar de la naturaleza caída debido al pecado, la persona humana está en constante búsqueda del mundo de paz, aunque no siempre es capaz de entenderlo”.

“Jesús, continuó indicando, es ciertamente el príncipe de la paz, pero no en el sentido de poder”. “Una persona puede vivir en paz y convertirse en un ministro de paz para otros solo si acepta en su corazón, en su mundo espiritual interior y en la vida personal y social, el príncipe de la paz”.

El nacimiento de Jesús, agrega, es “la manifestación más alta de la omnipotencia de Dios”, pero su expresión de fuerza y poder “no significa la humillación del otro a través de la injusticia y la violencia, sino que se manifiesta como el servicio al próximo. En el amor desinteresado por la paz”.

Rechazar la cultura de la muerte, de bebés, enfermos, ancianos…

El arzobispo mayor enfatizó que “celebrar la Navidad significa llenarse con la paz del cielo y decir ‘no’ a la violencia”, y es por eso que, al dar la bienvenida al Salvador, estamos llamados a “rechazar la cultura de la muerte que nos permite matar personas inocentes: Los que aún no han nacido -como se alienta en algunos países-, o a los enfermos graves o ancianos acortando sus vidas con el pretexto de la llamada “muerte dulce”, que no es más que el desafío contra Dios y el crimen contra la santidad e inviolabilidad de la vida humana”.

Por último el jefe de la Iglesia católica griega en Ucrania instó a no “permitir que la violencia física o moral, se convierta en un medio de lucha política”, porque “los representantes de los partidos políticos que promueven la violencia e incitan a los conflictos, son en realidad pusilánimes. Nunca podrán seguir el bien común de nuestra gente”.

En vista de las próximas elecciones presidenciales en Ucrania, el arzobispo Shevchuk pide “apoyar a quienes llegan al poder, no para gobernar sino para servir, y tienen la fuerza para resistir la violencia afirmando la paz justa y duradera de Dios”.

Los soldados, presos, la agresión extranjera

Sobre la guerra “olvidada” en Ucrania, Su Beatitud resaltó que “al igual que los defensores de la patria en el este de Ucrania”, todos están llamados a contrarrestar “con el sacrificio de nuestro amor, la verdadera solidaridad con las víctimas de la agresión extranjera”. No lo menciona por su nombre pero la “agresión extranjera” se refiere a Rusia, que apoya a los separatistas pro-rusos de las regiones ucranianas de Donetsk y Lugansk.

El arzobispo instó a una “resistencia en la oración con la que invocamos juntos la paz de Dios en nuestra tierra, en nuestras familias y en nuestros corazones”.

Por último el arzobispo mayor envió sus mejores deseos a todas las familias, a los que trabajan lejos de sus hogares, y en particular “a nuestros soldados que son los defensores de la paz”, a los “prisioneros de guerra y a los presos de conciencia, a los heridos en la batalla que están en los hospitales y a los “hogares donde los ucranianos en duelo lloran la pérdida de sus seres queridos debido a la guerra”.

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