Pirateo de cuadros

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Por: Carlos López Arriaga
La disputa por el congreso en Tamaulipas luce desde hoy polarizada y avizora un choque de trenes entre MORENA y el PAN, con un débil tercero en discordia, ya muy maltrecho, como es la antigua aplanadora priísta.

Ciertamente, siendo partido en el gobierno estatal, aplica aquí el término deportivo de que la organización albiazul juega de local, tanto en lo que se refiere al jefe político del estado, FRANCISCO GARCÍA CABEZA DE VACA, como sus equivalentes en la mayor parte de los municipios.

Por ello debemos insistir. La experiencia previa que deberá servir como referente a la elección del próximo verano no son los comicios federales de 2018 sino los estatales de 2016 (o, incluso, los municipales del mismo 2018).

Los resultados regionales nos muestran el verdadero estado de fuerzas que hoy priva entre los distintos partidos al disputarse el poder legislativo en Tamaulipas. Votación de 2016 donde, por cierto, el PAN no solamente ganó la gubernatura sino que le arrebató al PRI la mayoría en la cámara.

Como añadido, vale recordar que el proceso de 2018 fue (por vez primera) de carácter híbrido en Tamaulipas. Tres competencias federales y una regional. Presidente de la República, senadores y diputados, por una parte, y los 43 alcaldes por otra.

Por ende, la orientación del voto fue muy diferente. En lo nacional, MORENA ganó las dos senadurías de mayoría y seis de nueve curules federales.

Aunque en lo local, la treintena de alcaldes panistas marcó el contraste (el PRI, por cierto, no alcanzo ni senadores, ni diputados, debiéndose conformar con cinco presidencias municipales).

El contraste es significativo entre ambos ámbitos, federal y local, pues el votante decidió de manera diferenciada. Pese a que las urnas se dispusieron prácticamente en linea, la voluntad popular supo distinguir por quien sufragar en cada caso.

CENTRO Y PERIFERIA
Sin desmerecer, por supuesto, el desbordante poder que luce hoy MORENA en el plano nacional, su control de las dos cámaras y el presupuesto del poder ejecutivo bajo mando de ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR.

Con el soporte del centro, MORENA hoy despliega su poder de convencimiento entre antiguas huestes del PRI, recluta cuadros, operadores, candidatos, para hacer frente a un panismo que tiene meses velando sus armas y no se dejará vencer fácilmente.

Por ello mi observación al inicio de esta columna, para la prospectiva local, el referente es local. Lo cuál, de nueva cuenta, representa una mala noticia para partidos como el PRI, PRD, PT y PVEM, entre otros.

Porque, mire usted, cuando la disputa se polariza, concentra el voto a costa de las organizaciones menores. A las medianas las hace pequeñas y a las pequeñas las pone al borde de la extinción.

La buena noticia es que los operadores profesionales que, sin duda, todavía le quedan al PRI, tendrán chamba en el presente cotejo electoral.

La mala es que quienes tienen recursos para contratar sus servicios no se encuentran ya en la vieja sede tricolor del boulevard Praxedis Balboa, sino en los bunkers del PAN y de MORENA, el 22 Carrera Torres y el 15 Allende, respectivamente.

Piratería de cuadros que ya habíamos visto antes entre los operadores, seguidores, inversionistas y simpatizantes de los aspirantes priístas a la gubernatura que se quedaron en la raya a principios del 2016.

Bernalistas, guevaristas, cardenistas, a los que el gélido desapego de BALTAZAR HINOJOSA no pudo, no supo, no quiso sumar. A la postre encontraron calor y abrigo en Acción Nacional.

Mire usted lo que son las cosas. No ha sido distinta la estrategia de MORENA en 2018, cuando, en los meses previos a la contienda, se dedicó a vaciar de cuadros operativos no solo al PRI, también al PRD y (donde se pudo) al PAN.

Todo esto explica el actual brincadero de cuadros. La hemorragia de recursos humanos que hoy sacude de nueva cuenta al partido tricolor, ahora que las ideologías han perdido su carácter distintivo, las lealtades amenguan y la participación se rige en función de la chequera. La oferta, la demanda y el frío cálculo de triunfo.

Finalmente, los estrategas electorales a ras de campo se acaban comportando como los expertos en propaganda y los gurús de marketing político. Juegan para quien pague y punto.

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