Historiadora publica libro en Estados Unidos sobre importancia de canonización de una Santa

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Washington, Estados Unidos, América (Gaudium Press).- Los procesos de canonización que permiten investigar la fama de santidad de ciertos creyentes para establecer si son modelos idóneos para los fieles no se dependen únicamente del testimonio de vida de los Siervos de Dios estudiados. También tiene un lugar importante la labor de la comunidad local que promueve la causa y su éxito tiene considerables efectos sobre la Iglesia local.

Todas estas dimensiones fueron exploradas por la historiadora Kathleen Sprows Cummings de la Universidad de Notre Dame, autora del libro “Una Santa Nuestra: Cómo la aventura por una Santa heroína ayudó a los católicos a hacerse americanos”.

“Cuando los católicos estadounidenses nominaron a sus primeros candidatos para la canonización en la década de 1880, la mayoría de sus conciudadanos creían que las lealtades religiosas de los católicos les impedían participar en la vida estadounidense”, indicó Sprows Cummings en una entrevista concedida a Crux.

“Al mismo tiempo, muchos prelados en la Santa Sede dudaban que el catolicismo pudiera florecer en una sociedad predominantemente protestante. Los buscadores de santos creían que poder canonizar a una estadounidense convencería tanto a los protestantes estadounidenses como a las jerarquías europeas que los católicos tenían pertenencia en Estados Unidos”.

El primer éxito de los creyentes estadounidenses fue la canonización de Santa Francisca Cabrini en 1946, en un momento caracterizado por una mayor participación social de los creyentes. Pero según la autora, la mayor influencia se vería en las canonizaciones de Santa Elizabeth Ann Seton (1975) y San John Neumann (1977). “No había duda de que los católicos estadounidenses habían ganado influencia en su Iglesia y habían consolidado su lugar en la nación”, comentó la historiadora.

Para Sprows Cummings la doble iniciativa de los creyentes de legitimar su identidad ante la Santa Sede y ante su propio país hace que la historia del proceso de Santa Elizabeth Ann Seton sea muy interesante. “Para que una causa tenga éxito en Roma, los católicos de Estados Unidos tuvieron que defender que los futuros santos habían practicado las virtudes teologales y cardinales: fe, esperanza, caridad, prudencia, fortaleza, templanza y justicia”, expuso la autora.

“Para que una causa importara en casa, los católicos americanos tenían que creer que los candidatos adoptaban las virtudes estadounidenses y participaban en proyectos estadounidenses”. Por estos motivos, por ejemplo, los promotores de la causa de San John Neumann hicieron un gran énfasis en su naturalización como ciudadano estadounidense a pesar de que este hecho carecía de importancia para la Santa Sede.

“Un Santo autóctono serviría como mediador entre el cielo y la tierra, sí, pero también entre el catolicismo y la cultura estadounidense”, propone la presentación oficial del libro. El texto sirve como un acercamiento a la realidad de las Causas de Canonización en su notable complejidad y una ventana hacia la poco conocida historia del catolicismo en Estados Unidos, un país que se consideró oficialmente Territorio de Misión hasta 1908 y donde los creyentes siguen siendo minoría, llegando a representar en la actualidad un 25 por ciento de los habitantes.
Con información de Crux.

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