Estamos enfermos…

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Por: Marco Antonio Vázquez Villanueva
Tres años atrás, por estas mismas fechas si la memoria no es infiel, una tragedia sacudió un colegió en Monterrey, un alumno de 15 años disparó contra sus maestros y compañeros, el mensaje fue claro para la sociedad y los gobiernos sin embargo parece no aprendemos.

La semana pasada ocurrió una tragedia similar pero con un niño tres años menor al que le mencionamos, armas en mano disparó contra su maestra, sus compañeros y luego se quitó la vida.

En ambos casos hubo una constante, culpar a los niños, la música que escuchan, los videojuegos que practican, el abandono de sus padres y luego proponer la operación mochila como medida de apremio, como si todo se tratara de un hecho aislado.

Por supuesto que es correcto la operación mochila, maestros, autoridades y padres de familia deben estar participando en la misma aunque casi estoy seguro nada encontraran, en unos días van a relajarse las medidas, quizá un mes y al final, si no se hace lo correcto, ocurrirá otro problema similar en otra parte del país, quizá ya no tan lejana.

Lo de Torreón, lo de Monterrey, ambas tragedias en colegios privados en los cuales niños atacaron a balazos a sus maestras y otros compañeros, deben ser motivo suficiente para no bajar la guardia, en principio se debe investigar que pasó, deslindar responsabilidades, encontrar al culpable para dar paz a los padres de familia de esa escuela, tranquilidad a los maestros y para proteger al pueblo de cualquier ataque así sea psicológico o físico.

Eso es lo urgente pero no lo importante, lo ideal es que el gobierno, en todos sus niveles, asuma su responsabilidad y reconozca que no se está haciendo investigación, no se genera conocimiento que ataque de raíz y el problema para prevenir.

Lo siguiente es que los padres asuman su responsabilidad y comiencen la operación mochila en casa como una segunda opción después de hablar con ellos, de saber qué les acontece.

Hay hechos contundentes que marcan el origen de las tragedias mencionadas y las que están por venir, los padres de familia de hoy son indolentes, a veces incitan o son incapaces de frenar a sus hijos que ya fuman, beben alcohol y algunos hasta se drogan con diferentes sustancias y le hablo de muchachos de secundaria, de niños y niñas.

Se tiene que hacer algo de urgencia, sí, estoy de acuerdo con usted, si ya ocurrió una tragedia con el vecino de Monterrey y otra en Torreón pues es tiempo de poner las barbas de nosotros a remojar para que no nos pase nada igual.

Es momento de que los padres de familia y maestros se enteren que es prioritario tener autoridad sobre de los niños de primaria y secundaria que se muestran rebeldes, ellos no son capaces de generar dinero para comprar armas, ni drogas permitidas o no, el mal está en los adultos que también ya somos carne de psiquiatra.

No hay disciplina, respeto, ni valores, requerimos regresarnos unos 20 años para comprender en que actuamos mal y corregirlo hoy que todavía es tiempo, para dar solución al problema antes de que los muchachos se echen a perder y se metan a la delincuencia, las drogas, la borrachera, el tabaco.

Tiene razón, ya no es posible regresar a los coscorrones, reglazos y jalones de patillas en la escuela pero quizá no haga daño que la chancla y el cinto reaparezcan con su función didáctica y correctiva, de orden, disciplina en casa junto con el tema enseñar valores.

Revise lo que ocurre en materia de inseguridad y violencia, a usted que le gusta el morbo pues cheque las páginas dedicadas a temas de inseguridad y notará que la gran mayoría de los caídos no rebasan los 20 años, exacto, le hablo de la generación que creció sin respetar a los maestros y que les gustó esa comodidad que les hizo llegar a no hacer caso ni a sus padres.

Ya hubo un par de masacres en este país, el tema nos debe obligar a reflexionar en varías líneas, la primera, la necesidad de realizar la operación mochila en todas las escuelas, la segunda, la de hacer entender a los gobiernos la obligación de investigar hasta encontrar el problema de esta sociedad que parece enferma por la violencia que se nos administra por todas las vías , eso a la par de llamar a los padres a tomar su autoridad en la casa, a mostrarle con ejemplos que nuestra generación, la de 40, 45 años, no está traumada por un buen par de nalgadas, sobre todo, son días para entrarle a repensar las cosas e intentarlas de nuevo, se debe ser menos permisivos con los niños e infundir respeto sobre las personas y las cosas para que mejore la situación dentro y fuera del hogar.

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