Dice adiós la pionera de la arqueología subacuática mexicana, Pilar Luna Erreguerena

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Investigadora emérita del INAH, y pionera de la Arqueología subacuática en México. Foto: INAH.

Ciudad de México.- en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, falleció a los 76 años, la mujer que abrió brecha a la arqueología subacuática en México: Pilar Luna Erreguerena.

La primera vez que Pilar Luna se cuestionó sobre la existencia de la especialidad a la que terminaría dedicando su carrera fue en 1971, cuando siendo todavía alumna en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), escuchó a su profesor Eduardo Matos hablar sobre los trabajos que se hacían en Egipto para reubicar los monumentos y templos de Abu Simbel, debido a que en su emplazamiento original se construiría la presa de Asuán.

“En cuanto terminó la clase del profesor Matos, crucé corriendo el vestíbulo del Museo Nacional de Antropología, que entonces alojaba a la ENAH en su ala derecha y a la biblioteca del instituto en la izquierda, para conocer más acerca de aquella disciplina que parecía combinar las dos grandes pasiones de mi vida: la arqueología y el agua”, dijo la especialista durante un homenaje en Veracruz por 37 años de labor sostenida.

Tras “devorar” el libro Archaeology underwater, del estadounidense George F. Bass, Luna continuó adentrándose en la materia: participó en 1974 en un primer proyecto de búsqueda submarina de artefactos mayas en la laguna de Chunyaxché, en Quintana Roo, y cuatro años después, le escribió al propio Bass, reconocido como el “Padre de la Arqueología Subacuática”, para que impartiese un primer curso especializado en México, con sede teórica en la ENAH, y práctica en el manantial de la Media Luna, en San Luis Potosí.

Descubierta su pasión y luego de fundar en la ENAH un grupo de buceo, la arqueóloga fue invitada por Bass a participar en el proyecto de excavación de un pecio bizantino en Cabo Gelidonya, en aguas turcas del Mar Mediterráneo.

A su regreso tuvo conocimiento, a través de una carta del arqueólogo Donald H. Keith, quien también había estado en el proyecto de Bass, que un grupo de buzos norteamericanos habían localizado un cañón antiguo en la Sonda de Campeche. Este hecho marcó el nacimiento de la disciplina de la arqueología subacuática en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Con el apoyo de Gastón García Cantú, director del Instituto, en 1979, en conjunto con la Armada de México, se organizó una expedición para rescatar dicha pieza de artillería del siglo XVI. Fue la primera expedición oficial del INAH para llevar a cabo un rescate arqueológico en el mar y también la primera operación de esta naturaleza bajo la dirección de una mujer. Al año siguiente, se instauró el Departamento de Arqueología Subacuática bajo la dirección de Pilar Luna y, años después, en 1995 fue promovido a Subdirección.

Fue el 11 de febrero de 1980, cuando el INAH formalizó la creación de su Departamento de Arqueología Subacuática, con el fin de investigar y preservar la amplia diversidad de objetos históricos y vestigios culturales que resguardan las aguas continentales y los más de once mil kilómetros de litoral con que cuenta México.

Desde ese día y hasta el 16 de abril de 2017, la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) navegó bajo el comando de la arqueóloga Pilar Luna Erreguerena. Su cometido al frente de esta instancia fue la creación de proyectos de investigación tanto en aguas marinas como continentales, con un enfoque multidisciplinario e interinstitucional, y con la participación de especialistas nacionales y extranjeros.

Bajo la gestión de Pilar, la SAS no solo impulsó proyectos de investigación, sino programas especiales de atención a denuncias y protección legal, capacitación, difusión y conservación de materiales recuperados de medios acuáticos, así como convenios y acuerdos de colaboración nacional e internacional, además de la elaboración de inventarios de recursos culturales sumergidos en aguas mexicanas.

Para la reconocida investigadora uno de los mayores logros de la subdirección fue crear conciencia y dejar claro que existe un patrimonio cultural subacuático tan importante como el que está en tierra, el cual es necesario investigar y proteger de buscadores de tesoros y otros intereses.

Los tesoros no se venden, se estudian

Pilar Luna nació en Tampico, Tamaulipas, y su cercanía con el mar la volvió una excelente nadadora. A los seis años su familia se mudó a la Ciudad de México. Sus primeros estudios fueron para trabajar como secretaria bilingüe, pero el agua seguía siendo un imán poderoso por lo que se dedicó a dar clases de natación a niños con Síndrome de Down. Durante ese tiempo una de sus profesoras la motivó a que siguiera estudiando, por lo cual decidió entrar a la ENAH. Inicialmente y por su vocación de ayudar, se inscribió en Antropología Social, pero optó por cambiar a la carrera de Arqueología.

En la década de los años 70 del siglo pasado, la realización de la arqueología bajo el agua como disciplina apenas comenzaba a institucionalizarse en Estados Unidos, por lo cual, el patrimonio asociado al agua eran temáticas que no se abordaban en la ENAH, escuela donde posteriormente fue profesora e impulsó los primeros cursos de buceo para hacer arqueología subacuática. En la Universidad Nacional Autónoma de México obtuvo el título de Maestra en Ciencias Antropológicas; de 1974 a 1979 participó en proyectos de arqueología terrestre, destacando el del Templo Mayor, en la Ciudad de México.

A lo largo de casi 40 años formó investigadores comprometidos con el estudio y la protección del patrimonio cultural sumergido; organizó el Primer diplomado de arqueología subacuática y posteriormente cursos nacionales e internacionales, algunos de ellos con el auspicio de la UNESCO, con la misión de compartir la experiencia mexicana con profesionales de América Latina y conformar un amplio grupo de especialistas.

Entre los proyectos llevados a cabo, destaca por su impacto en el freno de empresas privadas que buscaban recuperar patrimonio para comercializarlo, el proyecto de investigación sobre la Flota de la Nueva España, la cual se accidentó en 1631 en aguas del Golfo de México. Durante muchos años Luna dedicó corazón, pasión y horas de estudio a demostrar que la recuperación de los restos del navío insignia “Nuestra Señora del Juncal” significaría un ejemplo de cooperación científica internacional y de que los tesoros no se venden, solo se estudian.

El último proyecto que estaba dirigiendo la arqueóloga, fue la investigación en Hoyo Negro (Tulum, Quintana Roo), donde en 2011 se dio a conocer el descubrimiento de los restos óseos de una mujer de más de 12,000 años de antigüedad. El hallazgo y la investigación realizada en conjunto con especialistas de diversas disciplinas, fueron elegidos por el Shangai Archaeology Forum de la Academia China de Ciencias Sociales para recibir el Premio de Descubrimiento en Campo, en 2017.

Además de ser la pionera de la arqueología subacuática en México, colaboró en investigaciones en este campo en diversas partes del mundo. Fue miembro de varios consejos y organismos nacionales e internacionales y delegada ante la UNESCO por parte de México para los asuntos relacionados con la Convención sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático.

En diciembre de 2009 fue elegida como uno de los once miembros del Consejo Consultivo Científico y Técnico encargado de atender los asuntos relativos a dicha Convención. Asimismo, fue miembro emérito del Consejo Consultivo sobre Arqueología Subacuática de la Sociedad de Arqueología Histórica, así como consejera internacional para la Sociedad National Geographic.

En enero de 1997 recibió el Premio al Mérito de la Sociedad de Arqueología Histórica de Estados Unidos, por su labor en la investigación, protección y difusión del patrimonio cultural sumergido de México; y en enero de 2011, la Medalla J.C. Carrington, otorgada en Austin, Texas, por la Society for Historical and Underwater Archaeology, por una vida dedicada a la arqueología subacuática, convirtiéndose en la primer mujer latinoamericana en recibir esta presea; el Premio a la Investigación, otorgado por la Sociedad de Geografía Española, el último fue una medalla por su trayectoria en el INAH, en el marco del 80 aniversario de la institución, en 2019.

Fue autora de numerosos artículos y capítulos de libros, así como conferencista en la República Mexicana y en el extranjero.

Pilar Luna Erreguerena deja un gran legado que seguirá fortaleciendo y enriqueciendo la investigación arqueológica del patrimonio cultural sumergido. Su nombre siempre estará asociado a la defensa incansable para evitar el expolio y la destrucción de un patrimonio cultural, el cual desde su perspectiva, no solo es de México, sino universal.

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1 comentario

  1. Xóchitl Calderón on

    Una luchadora incansable por proteger el patrimonio subacuático mexicano, una amiga inigualable, una mujer de una pieza por su bondad y su honestidad…una pérdida para México, una pérdida para los que la queríamos tanto.

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