Lo que NO es fantasía

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Por: Evaristo Benítez Castro
Los ciudadanos (as) mexicanos que han estudiado alguna carrera técnica o profesional relacionada con la medicina o la biología en general, están en condiciones de sopesar la validez del cúmulo de información que circula masivamente sobre la pandemia del COVID-19, y por tanto de medir las falsas y las verdaderas; las sesgadas y las malintencionadas, las ecuánimes y las politizadas y en suma serán capaces de determinar la gravedad del asunto ubicándolo en su justa dimensión.

Cómo se sabe cuándo menos el 80% de las pandemias en el mundo, se originan en un mal de salud en los animales, fuesen domésticos o silvestres; murciélagos, cerdos, aves, reptiles, entre otros, son animales que albergan algún virus, bacteria, riquetsia o protozoario que de pronto termina por llegar a la especie humana; incluso los virus o bacterias mutantes (que cambian súbitamente su composición química) son parte del escenario biológico que ocurre en nuestro hábitat.

Bajo estas circunstancia naturales (dónde nada tienen que ver los laboratorios ni la manipulación deliberada), desde que el humano es humano han existido enfermedades que pueden arrasar a una determinada comunidad; quienes adquieren resistencia a esa enfermedad la tolerarán el resto de su vida y siempre habrá quien pueda fallecer.

El sarampión, la viruela, la hepatitis entre otras enfermedades virales más, cuando aparecieron por primera vez en una colectividad mataron a miles de individuos hasta en tanto que, o se elaboró una vacuna para su prevención o se adquirió resistencia en amplios segmentos de la sociedad que corresponda; inclusive hay individuos que tiene una resistencia natural para no enfermarse, que no requieren vacunación porque nacieron con resistencia.

Ahora bien lo anteriormente expuesto es una situación fortuita sin sesgos comerciales, políticos o patrioteros; así ocurre de manera natural querámoslo o no.

Pero aquí viene lo interesante para los sociólogos, psicólogos, antropólogos y otros estudiosos de la condición humana; es decir cuando intervienen factores políticos, comerciales e incluso raciales, es cuando se altera todo el cuadro comunicativo y prevalece el caos, la duda y la desconfianza en las “instituciones” y en quienes las representan.

Los gobiernos, la industria farmacéutica y de equipamiento médico, las agrupaciones políticas, entre otros segmentos, pudieran tener intereses particulares que los lleven a distorsionar la realidad con fines muy concretos: inducir pavor, vender sus productos, eliminar rivales políticos, desacreditar a una nación, etcétera.

¿Cómo eliminar falsedades y cómo depurar las verdades?.

Ni por asomo tenemos las respuestas, en tanto que carecemos de los recursos para llevar a cabo una investigación apegada a la realidad; por ejemplo no hemos sabido de alguna investigación formal que, con cifras contrastadas en la realidad, nos diga con detalle el efecto del COVID- 19 en Ciudad Victoria, en Tamaulipas y en México.

Por ejemplo en la capital de Tamaulipas.. .¿Cuantos pacientes hay en cada uno de los hospitales locales, cuantas pruebas se han elaborado, cuantos han muerto y que destino tuvieron sus restos mortales?.

¿Cuánto se ha invertido en “controlar” el COVID- 19; del gasto efectuado cuanto es de origen federal, estatal o municipal?.

¿Del personal médico…¿cuantos se han enfermado, bajo qué circunstancias?.

¿Hay suficientes insumos para los médicos, las enfermeras y los pacientes?.

¿Las protestas que han hecho los trabajadores del sector salud (que argumentan no tener los insumos necesarios, que no les pagan sus salarios, etcétera)… son fundadas o se trata de posturas políticas?.

Parece que se comienza a aclarar el tema en comento; de pronto no cualquiera tiene todas las respuestas para contestar las anteriores interrogantes, entre muchas otras preguntas por formular.

Y eso no es fantasía, son hechos concretos, evaluables y comprobables. No queremos confundir al lector que amablemente nos dedica su tiempo; no negamos la existencia de la enfermedad sólo queremos alertar de los aspectos SOBREDIMENSIONADOS del tema que hoy nos ocupa.

Desde luego que no podemos tomar a la ligera el problema sanitario por el que pasamos; pero sí sería positivo ubicarnos en la realidad, porque si bien es cierto que no sobran las precauciones para protegernos también es cierto que no conviene entrar en pánico.

Desafortunadamente no vemos quien pueda poner orden y aplicar una verdadera estrategia de comunicación que ubique al ciudadano, que aliente la colaboración de la propia comunidad, que nos permita salir del atolladero en que nos encontramos.

Pero sobre todo una estrategia que reconcilie a los actores más importantes en el tema; porque vemos un claro divorcio entre autoridades federales y las estatales y municipales; entre autoridad constitucional y personal médico, entre sociedad y clase política.

Mientras ello ocurre, seguiremos viviendo entre fantasía y realidad; seguiremos como rehenes de políticos sin escrúpulos cuya intención se centra en las próximas elecciones y no en la salud de los connacionales.

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