Hasta los vejetes nos sorprendemos

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Por: Evaristo Benítez Castro
Quienes estábamos retirados, desde hace poco más de una década, del compromiso de escribir una columna de opinión en un medio de comunicación diario, nos sorprendemos por la rapidez con que hoy mismo se pueden difundir sus contenidos: los medios impresos son unos elefantes y los de Internet son unos guepardos, en una afirmación genérica con sus debidas excepciones.

Todavía en el año de 2009 (año en que nos retiramos de “La Verdad de Tamaulipas”), los tiempos en la redacción de los periódicos impresos eran cerrados, con límites de entregar temprano los contenidos de las páginas editoriales, que entonces eran tres amplias páginas que daban espacio a unos doce o quince autores.

Si bien en esas fechas el Internet superaba las barreras geográficas con rapidez, en el año 2020 los contenidos informativos han abatido las condiciones de tiempo y espacio que en el pasado los limitaban con severidad; vayamos al asunto:

Los periódicos en Internet con un buen diseño, personal capacitado y una adecuada administración de sus espacios, no tienen barreras geográficas, no requieren voceadores para su distribución, no tienen tiempo limitado para “subir” la información deseada, en síntesis carecen de los obstáculos que tenían los periódicos escritos y que daban como resultado un atraso por lo menos de 24 horas en la vigencia de los contenidos difundidos en un medio impreso en papel.

Ahora los periódicos en Internet se alimentan permanentemente de información y usted podrá leer hoy sus contenidos, mismos que saldrán hasta mañana en los medios impresos.

Por si estas eventualidades fueran pocas, que no lo son, existe una diferencia favorable más para los editorialistas de hoy que escribimos en espacios de Internet y que pueden ser auxiliados por agentes “externos; citaremos el apoyo de sólo uno: los grupos de WhatsApp.

En efecto y partiendo del supuesto de que el autor en Internet escriba un tema interesante, amigos conectados pueden ser de gran auxilio para el interfecto pues están en la posibilidad de multiplicar sin límites el número de lectores.

Entre más amplia sea la agenda del autor editorial, es decir sus amigos en WhatsApp, más difusión tendrá el comentario editorial como veremos en un ejemplo concreto: si el abogado del pueblo Alejandro San Germán Riestra le gusta el escrito de su servidor entonces lo podría difundir entre sus amigos en red, núcleo de profesionistas que a su vez tendrán sus propios amigos.

Lo mismo con lectores como Leonardo Vázquez Bello, Álvaro Garza Cantú, Gerardo Ramírez Alcalá, Leonardo Pérez Rodríguez, Fernando Henry Picasso, Víctor Contreras Piña, Arnaldo Mercado, Esteban González Guajardo, Guadalupe Medina Bernal, “Pepe” González, Esteban Sánchez Nieto, Ramón Rentería, Bernabé Uribe Mora, Enrique Garza Taméz, Matías Treviño Villasana, Alfredo Gurza, Baldomero Zurita, Enrique Yáñez Reyes, Arnulfo Guillermo Plaza García, Bernardo Lino Nápoles Lara, entre otros amigos que de pronto se escapan de la memoria y que a su vez se pueden conectar con otros amigos que ni siquiera conocen al autor de los comentarios, ya para entonces ampliamente difundidos.

Ciertamente el requisito indispensable es escribir algo que les interese a los amigos en WhatsApp; si éstos lo deciden finalmente un escrito puede ser leído por miles de personas en menos de doce horas; ventaja que ni soñando podrían tener los escritos de periódicos impresos.

Parece entonces que se comienza a develar un misterio… ¿porqué los medios impresos están en crisis de lectores?.

La modernidad conlleva harta competencia en la búsqueda de contenidos atractivos, limitaciones económicas, administración del recurso humano y sobre todo temas que puedan atraer lectores.

Y una limitante, quizá la más delicada: la politización o partidización de sus contenidos; pocos medios de comunicación se escapan de posicionarse ideológicamente a favor o en contra del gobierno en turno.

En efecto en la modernidad desde la presidencia del país misma, se adoctrina el pensamiento de que los medios de comunicación genéricamente considerados, o son “conservadores”, o son “liberales”.

Con machacona insistencia entramos a una aparente polarización de la sociedad mexicana cuando en realidad la disputa entre “liberales” y “conservadores” es un asunto de las cúpulas; la gran mayoría de los mexicanos no reunimos los requisitos para ser de uno o de otro bando, somos simplemente mexicanos.

Pero no debemos de perdernos; el tema central es que vejetes como el suscrito nos sorprendemos de la gran diferencia entre el periodismo diario de la década pasada, comparativamente con el periodismo de la década actual.

Los medios de comunicación en Internet significan un nuevo escenario para la intelectualidad mexicana; sólo quien no quiere no tiene acceso a una información de calidad y puede contrastar los contenidos en diferentes fuentes, para elaborarse sus propios juicios; eventualidad que hace diez años sólo podían hacerlo las cúpulas económicas y políticas en el país.

La sorpresa mayor para los vejetes en cita (como su seguro servidor), es que un grupo de amigos selectos hacen la diferencia entre ser leído y ser ignorado, marcan la pauta para difundir o enterrar determinada información.

Afortunados los que tenemos amigos incondicionales que pueden replicar un asunto, un comentario o simplemente un pensamiento; claro, además de un editor visionario que realiza viajes astrales, como el abogado David Zárate Cruz.

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