Por: Marco Antonio Vázquez Villanueva
Con toda la oposición encima el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se aventará el tiro de desaparecer 109 fideicomisos que contenían recursos de toda índole, lo mismo para el campo que para el cine, lo mismo para promover la cultura que atender desastres naturales y para ello ya se dieron los primeros pasos en el Congreso.

Los opositores de dicho acto argumentan que se trata de recortar dinero a las actividades importantes para entregarlo a potenciales votantes, que incluso se pone en riesgo a miles de mexicanos que año con año son víctimas de huracanes, heladas, incendios, inundaciones, productores del campo y demás.

Obvio, también pusieron el grito en el cielo los que se beneficiaban año con año de esos fideicomisos, personajes que se hicieron millonarios hasta con proyectos de ciencia y tecnología que nunca tuvieron un final feliz, es decir, no creaban conocimientos pero si una clase intelectual privilegiada, casi siempre eran los mismos beneficiarios o quienes ellos iban decidiendo.

Es obvio que una proporción de los recursos llegó a su destino, que muchos que ahora apapachan proyectos de investigación útiles para la sociedad obtuvieron impulsos de esos fideicomisos, se tenía que justificar la operatividad de estos y, además, era imposible negarles talento, trabajo y brillantez y por lo tanto es injusto que dichos fideicomisos desaparezcan.

Ahora, es un riesgo muy alto quitar ese recurso, más de seiscientos mil millones de pesos en todos los fideicomisos, y dejar que la Secretaria de Hacienda, entiéndase el presidente, lo utilicen en forma discrecional, porque se puede beneficiar proyectos de una sola área, de un solo partido, de amigos o, de plano, que no sean ni siquiera factibles ya que se caerán los candados para acceder a recursos y se habla de una suma superior a los 300 mil millones de pesos los que serán puestos a disposición del ejecutivo.

Andrés Manuel dijo, en su defensa, que no era verdad, que todo el dinero iba a estar disponible para cuando se requiera y en los mismos rubros, con una salvedad, ahora no habrá intermediarios, se entregará directamente a los beneficiados.

Los amigos de Andrés Manuel, al respecto, son más explícitos, dicen que los titulares de esos fideicomisos son hombres y mujeres impuestos desde gobiernos muy atrás, que es imposible quitarlos y que han manejado los recursos de manera corrupta, arbitraria o por lo menos sin transparencia, que hasta del mismo Fondo Nacional de Desastres emergieron nuevos ricos, empresas que se iban a dedicar a la reconstrucción y que han pasado 10 o 15 años de algunos eventos y no han avanzado ni poquito pero si se han gastado sumas millonarias.

Obviamente que unos y otros dicen medias verdades o mentiras, depende del cristal con que lo vea, en lo personal no es lo ideal dejar el recurso para que se maneje en forma discrecional del presidente ya que muchos podrían caer en la tentación de quedárselo y tampoco es factible que funcionen los fideicomisos como hasta ahora ya que estaban siendo saqueados sin utilidad alguna para el pueblo pero, la realidad es que ese recurso en lugar de quedárselo como lo pretenden hacer bastaba con imponerles medidas de fiscalización más duras, de esas que hacen imposible un manejo tramposo, para ello no se requiere mucho, nomás que se auditen y metan a la cárcel a unos cuantos para que los demás se vayan alineando.

Y si, en lo que casi todos coincidimos es que en que los corruptos de ayer siguen vigentes, causando daño y, lejos de castigarlos esta Cuarta Transformación nomás se dará borrón y cuenta nueva a todo.

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