San Andrés, el primer discípulo del Bautista, el primer discípulo de Jesús

San Andrés fue quien llevó hasta Cristo a San Pedro, su hermano.

El Vaticano, Europa (Gaudium Press).- San Andrés Apóstol, conmemorado el 30 de noviembre, es el primer santo en ser celebrado en el nuevo Año Litúrgico.

No es sólo él quien llevó a la Iglesia a su hermano Pedro, el primer Papa, sino que también fue el primer discípulo de Juan Bautista, el Precursor.

Es él como un puente introductorio a la gracia, y así debemos pedirle siempre que lo recordemos, que él nos introduzca cada vez más en el arca que es la Iglesia, que nos una cada vez más a Cristo y a su Madre Santísima. Por todo lo anterior se le llama el ‘Protocletos’, es decir, el primer llamado por el Señor.

Sabemos, según lo relata el evangelio de San Juan, que era de Betsaida, en Galilea, como su hermano San Pedro.

Aparece San Andrés ofreciendo al Señor los cinco panes de cebada y los dos peces que estaba trayendo un joven, y que luego serían multiplicados. “Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?»” (Jn 6, 8).

En total es mencionado doce veces en el Nuevo Testamento, 8 entre Marcos, Mateo, Lucas y Hechos, y 4 veces en el evangelio de San Juan.

Lo que dice la Tradición
La Tradición ubica al apóstol Andrés haciendo misión junto a los griegos. Habría sido martirizado, crucificado, en la ciudad griega de Patras, Acaya. Había sido preso por el pro-Cónsul Egeas, y antes de ser crucificado, fue azotado.

La cruz en la que habría ofrecido su sangre por el Señor no fue como la de Cristo, sino la llamada cruz de aspas, una cruz en ‘X’, que tomaría luego el nombre de Cruz de San Andrés. En esa cruz habría estado por espacio de tres días, mientras seguía predicando acerca de la divinidad y misión del Salvador.

Es la aceptación completa, y alegre, del máximo sacrificio, siguiendo el ejemplo de Jesús. Narra también la tradición que Jesús le había comunicado a cada uno de los apóstoles la forma en que serían martirizados. Por eso podemos imaginar a San Andrés, esperando por años con resignación y con el auxilio de la gracia, el día en que se le abrirían las puertas del cielo.

Con información de Abel Della Costa, en El Testigo Fiel

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