Recién descubierto el segundo asteroide de clase troyano: ESA

Paris, Francia, Europa.- Puede que hayan oído hablar en alguna ocasión de los llamados troyanos, dos gigantescos cúmulos de asteroides que preceden y escoltan a Júpiter en su órbita alrededor del Sol.

Sin embargo, el rey de los planetas no es el único que cuenta con este tipo de asteroides. La física que subyace tras la formación de estos inconfundibles grupos de antiquísimas rocas es la misma para todos los planetas, incluida la Tierra.

A pesar de que se lleva teorizando sobre la existencia de los troyanos terrestres desde hace muchos años, la primera observación directa de uno de estos asteroides tuvo lugar hace apenas una década. Desde entonces no se había descubierto ningún otro troyano de la Tierra… hasta ahora.

Tenemos con nosotros a Toni Santana-Ros (TSR), de la Universidad de Alicante y del Instituto de Ciencias del Cosmos de la Universidad de Barcelona, y a Laura Faggioli (LF), del Centro de Coordinación de Objetos Cercanos a la Tierra (NEOCC) de la ESA, quienes nos explicarán la importancia y los desafíos que reviste el descubrimiento de este segundo troyano terrestre.

Santana-Ros es el autor principal del artículo científico publicado el 1 de febrero, en Nature Communications, en el que se presenta el descubrimiento de este segundo troyano terrestre. El NEOCC de la ESA ha prestado un importante apoyo a esta investigación.

¿Qué son los asteroides troyanos?
TSR: Los troyanos son unos asteroides que se encuentran atrapados en regiones del espacio donde se experimenta un equilibrio entre la atracción gravitatoria del Sol y la de los planetas. Se conoce a estas regiones con el nombre de puntos de Lagrange.

Los troyanos orbitan alrededor del Sol describiendo, aproximadamente, el mismo camino que sigue el planeta al que acompañan, y se van acumulando cerca de sus dos puntos estables de Lagrange: el situado delante del planeta (L4) y el ubicado detrás de este (L5).

¿Cuántos asteroides troyanos existen?
TSR: Hasta la fecha, hemos identificado unos 10 000 troyanos de Júpiter, a lo que habría que añadir un total de varias docenas más correspondientes a Venus, Marte, Urano y Neptuno. Sin embargo, fue necesario esperar hasta el año 2011 para descubrir el primer —y hasta el año pasado, único— troyano de la Tierra: el asteroide conocido como 2010 TK7.

El segundo ejemplar descubierto, el 2020 XL5, eleva la cuenta hasta un total de dos, pero, casi con total seguridad, la Tierra cuenta con otros muchos troyanos a la espera de ser descubiertos.

¿Por qué son tan importantes los troyanos terrestres?
TSR: Los asteroides son cápsulas de tiempo originadas en los primeros compases de nuestro Sistema Solar, por lo que pueden enseñarnos mucho sobre la etapa de formación planetaria.

A este respecto, los troyanos terrestres son especialmente interesantes, ya que podrían formar parte del material sobrante liberado durante la formación de nuestro planeta. Incluso aunque procedan de lugares remotos, la relativa estabilidad de sus órbitas, ubicadas en los puntos de Lagrange de la Tierra, convierte a estos asteroides en destinos idóneos para futuras misiones espaciales.

¿Por qué motivo se han identificado aún tan pocos troyanos terrestres?
LF: ¡Por razones geométricas!La posición relativa, en el cielo, de los puntos de Lagrange y del Sol permanece fija. Esto significa que el intenso brillo de nuestra estrella procede en todo momento de una dirección cercana a la de los troyanos, lo que limita en gran medida nuestra capacidad para detectar objetos tan pequeños y oscuros.

¿Cómo han logrado entonces identificar este troyano?
TSR: Afortunadamente, existen unas breves ventanas temporales, antes del amanecer y después del anochecer, durante las cuales uno de los puntos de Lagrange asoma por encima del horizonte justo cuando el Sol está todavía por debajo del mismo. Estos lapsos de tiempo duran poco, así que no nos permiten realizar observaciones largas y obligan a los astrónomos a apuntar sus telescopios en ángulos cercanos al horizonte, donde las condiciones de visibilidad son las peores posibles.

El 2020 XL5 era un objeto conocido, pero aún no se había estudiado a fondo. Nuestro equipo recurrió a telescopios capaces de efectuar observaciones del asteroide en esas condiciones tan arduas. Y cuando, más tarde, pudimos estudiar los datos registrados, ¡confirmamos que se trataba del segundo troyano terrestre conocido!

¿Ha estado siempre ahí? ¿Seguirá estándolo eternamente?
TSR: El 2020 XL5 es un troyano «transitorio». En otras palabras: en algún momento dejará de ser un troyano terrestre. Prevemos que, en unos 4000 años, abandonará el punto de Lagrange de la Tierra para acabar describiendo, probablemente, una órbita marcadamente elíptica alrededor del Sol, al igual que ocurre con otros muchos asteroides.

Este período relativamente corto de estabilidad, comparado con la asombrosa longevidad del Sistema Solar, indica de un modo plausible que el asteroide no comenzó aquí su vida, durante la formación de la Tierra, sino que se vio capturado por nuestro planeta al pasar cerca de su estable punto de Lagrange muchos años después.

¿Cómo es de grande? ¿Podría entrañar alguna amenaza para la Tierra?
LF: El nuevo asteroide troyano terrestre, el 2020 XL5, tiene aproximadamente 1 km de dimensión. Tratándose de un asteroide, este valor no es nada despreciable, pero el punto de Lagrange donde se ubica se encuentra casi tan lejos de la Tierra como el Sol, y su órbita lo mantendrá a esa distancia de nosotros varios miles de años más.

¿Qué es el NEOCC de la ESA?
LF: El Centro de Coordinación de Objetos Cercanos a la Tierra forma parte de la Oficina de Defensa Planetaria de la ESA. En el centro, utilizamos nuestra red de telescopios para detectar y estudiar los objetos próximos a la Tierra (NEO) y para proporcionar un punto de acceso centralizado a toda una red de otras fuentes de datos relacionadas con los NEO.

Estos datos los usamos a diario para estudiar las órbitas de los NEO y para evaluar cualquier riesgo que estos objetos puedan representan para la Tierra.

¿De qué forma ha contribuido la ESA a esta investigación?
LF: Mis colegas Marco Michelli y Luca Conversi han llevado a cabo las observaciones del 2020 XL5 mediante telescopios pertenecientes a la red NEOCC, incluido el telescopio de la Estación Óptica Terrestre de la ESA, emplazado en Tenerife.

Estos científicos se valieron de sus observaciones para determinar la posición del asteroide en diferentes momentos, lo que, más tarde, nos permitió a mi colega Ramona Cennamo y a mí analizar su órbita. Nuestros resultados mostraron que se trataba de un troyano terrestre transitorio.

¿Cuáles van a ser los próximos pasos?
TSR: Este descubrimiento representa una clara invitación a seguir buscando nuevos troyanos terrestres. El hallazgo de un troyano de la Tierra, compuesto del material sobrante durante la formación de nuestro planeta, sería de una enorme ayuda para desentrañar muchos secretos relativos a los primeros compases de nuestro Sistema Solar.

Actualmente, observamos regularmente el cielo en colaboración con el NEOCC. En concreto, nos dedicamos a buscar objetos que puedan suponer un peligro para la Tierra. Sin embargo, durante estas observaciones rutinarias, a veces nos encontramos con grandes sorpresas.

En los últimos años, por ejemplo, hemos comenzado a tener conocimiento acerca de un nuevo grupo de objetos muy interesantes: los asteroides que orbitan el Sol y se encuentran situados en el interior de la órbita terrestre. Son lo que se conoce como objetos interiores a la órbita de la Tierra (IEO). En adelante, estos objetos pasarán a convertirse en nuestra principal ocupación, ya que, a pesar de su relativa proximidad a la Tierra, siguen siendo todavía territorio inexplorado.

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