Islas Salvajes, sigue la disputa entre Portugal y España, por este territorio

Casa Guardián, Salvaje Madera Grande, Islas Salvajes, África.- En las Islas Salvajes sólo las habitan dos guardas, encargados de vigilar su particular ecosistema. Podrían tranquilamente ser dos de las personas que más se aburren en el mundo. Pero rotan en turnos de tres semanas, afortunadamente para ellos y su salud mental.
En este territorio habitan cinco personas.
Situadas en medio del Atlántico, entre las costas de Madeira y Canarias, hay tres islas principales y unos cuantos islotes menores. Varios pedazos de tierra que durante siglos han sido objeto de un largo litigio entre España y Portugal. El mayor en el tiempo entre los dos países.
Salvando todas las distancias, este archipiélago, si bien mucho menos importante estratégicamente y por su tamaño, guarda ciertos paralelismos con Gibraltar. Como mínimo, es un territorio perdido por España, al igual que el Peñón. No hubo de por medio grandes conquistas militares ni tratados de paz, pero, a los efectos, las Salvajes fueron consideradas como territorio propio durante varios siglos.
Desde un punto de vista geológico, las islas pertenecen a la región Macaronésica (del griego, «afortunadas»). Está formada por cinco archipiélagos de origen volcánico que de norte a sur son Azores, Madeira, Islas Salvajes, Canarias y Cabo Verde. Todas ellas forman parte de la placa tectónica africana.
Cuando los castellanos conquistaron Canarias, a partir de 1402, sus barcos dieron también con las Islas Salvajes, a las que consideraron parte del archipiélago. Están situadas a 165 kilómetros de la costa norte de la isla de Tenerife y a 280 de Madeira. Como las vieron inhabitables al no disponer de agua potable, no dejaron población en ellas.
Las enmarcaron en el conjunto de Canarias, pero no dejaron ninguna constancia internacional. Así las cosas, años más tarde, en 1438, el navegante portugués Diego Gomes de Sintra, en su viaje de regreso a Portugal desde Guinea proclamó haberlas descubierto por casualidad. Y ahí comenzó el litigio.
Con el paso de los años, las islas siguieron deshabitadas y el tema tampoco era una preocupación nacional para ninguno de los dos estados. Aún así, los dos países las consideraron suyas. Algunas expediciones canarias y portuguesas intentaron poblar estos pedazos de tierra, pero ambas fracasaron en sus intentos.
El punto álgido de la disputa territorial llegó en 1881, cuando España decide construir un faro en las Salvajes. El Gobierno razona que no está determinado si la soberanía pertenece a España o Portugal. El país luso protesta formalmente ante esta situación. El proyecto se paraliza durante 30 años. En 1911, el Ejecutivo español vuelve a la carga y comunica al país vecino su intención de instalar el faro. Pero de nuevo no se formaliza ningún acuerdo al respecto.
Ya en 1929, el contralmirante luso Gago Coutinho declara las islas como pertenecientes a Madeira. En 1938, una comisión internacional de derecho marítimo determina que el archipiélago pertenece a Portugal. España, en plena guerra civil, ocupada en su lucha fratricida, no tiene la oportunidad de recurrirlo.
Pese a este dictamen, España no quedó conforme y prueba de ello es que continuó sin reconocer las Salvajes como parte de Portugal. No fue hasta 1997 cuando cedió. Con ocasión de unas negociaciones sobre el flanco sur de la OTAN, el Gobierno español admitió los derechos en superficie de Portugal.
Pero esta aceptación no cerró –y aquí otro paralelismo con Gibraltar– el litigio sobre las aguas que rodean el archipiélago. Y el asunto no es baladí dada la riqueza en especies de esas aguas, más de 50. El contencioso consiste ahora en acordar si las Salvajes son islas habitadas o islotes deshabitados.
A este respecto, los tratados dicen que cualquier pedazo de tierra da derecho a su Gobierno a gestionar como le plazca las primeras 12 millas de mar que lo rodean. Si el territorio tiene población fija y actividad económica, el Gobierno también tiene derecho a explotar hasta 200 millas marítimas, las conocidas como la zona económica exclusiva.
Pero si entre dos países no hay mar suficiente para 200 millas exclusivas para cada uno, la frontera marítima debe trazarse sobre la línea equidistante. Así, la línea entre Canarias y Madeira se situaría por encima de las Salvajes, con lo que la explotación marítima de esta zona sería para nuestro país. El conflicto sigue sin resolverse.
Algunos incidentes lo ponen de manifiesto. En 2005, cuatro barcos de pesca españoles fueron capturados al sur de las islas, en la zona económica exclusiva que reclama Portugal. En julio de ese mismo año uno de los guardas portugueses y un biólogo se enfrentaron a pescadores españoles, que les amenazaron con armas.En 2007, un avión español sobrevoló las islas a baja altitud, con nueva demostración de inconformidad por las autoridades portuguesas, puesto que se trata de una reserva natural donde está vedado el vuelo a baja altitud.
(Islas Salvajes, es un territorio en África, en disputa entre Portugal y España)
