Una buena película abre puertas que un pasaporte no, explica cineasta en la IBERO

Álvaro Obregón, Ciudad de México, México, América.- ¿Qué pasa cuando quieres construir una carrera internacional, pero tu pasaporte puede convertirse en una frontera? Para la cineasta y gestora cultural libanesa Doris Saba, la respuesta no necesariamente está en emigrar: consiste en conseguir que las historias crucen fronteras incluso cuando quien las crea no puede hacerlo.

Durante la clase magistral De Beirut al mundo: Cómo construir una carrera internacional sin emigrar, impartida en la Universidad Iberoamericana, la Directora Ejecutiva de Beirut Film Society planteó que uno de los principales errores entre jóvenes cineastas es confundir ubicación geográfica con oportunidad profesional.

Desde Líbano, donde las restricciones de movilidad han obligado a generaciones de artistas a buscar otras rutas para conectar con el mundo, Saba ha desarrollado una trayectoria internacional vinculada con festivales y proyectos cinematográficos en países como Canadá, Francia, Italia, España, República Dominicana, Egipto y México.

La historia local puede volverse universal

Para Saba, construir una carrera internacional no significa necesariamente mudarse a Los Ángeles, Nueva York o París. Una trayectoria comienza a internacionalizarse cuando la obra puede circular por sí misma.

Tampoco, explicó, lo internacional debe confundirse con lo extranjero. Una historia profundamente mexicana, narrada en español por una persona mexicana, puede conectar con públicos de otros países si detrás de su contexto particular existe una experiencia humana reconocible.

De ahí que uno de sus principales consejos sea asumir la identidad como un activo y no como una limitación: la cultura, la lengua, la memoria, las preguntas personales e incluso el dolor pueden convertirse en materia narrativa.

La especialista resumió esa idea al plantear la identidad artística como “tu primer pasaporte”.

Los festivales no son la meta

Saba también cuestionó una idea frecuente entre quienes comienzan una carrera cinematográfica: medir el éxito exclusivamente por la llegada a los grandes festivales, los premios o la posibilidad de conseguir representación profesional.

Los festivales, señaló, deben entenderse como herramientas para desarrollar una trayectoria. Esto implica investigar cuáles corresponden realmente al tipo de película realizada, acercarse a laboratorios y mercados adecuados y construir relaciones antes de necesitarlas.

“La industria es de relaciones, no solo de películas”, fue una de las ideas que atravesó su exposición. Por ello recomendó a estudiantes involucrarse desde ahora en proyectos, voluntariados, festivales y organizaciones culturales, en lugar de esperar hasta después de graduarse para comenzar a construir una comunidad profesional.

También destacó la necesidad de estar preparados cuando aparezca una oportunidad: contar con biografía, fotografía, filmografía, materiales de prensa, información en inglés y perfiles profesionales actualizados.

Cuando una cámara también sirve para reconstruir

La experiencia de Beirut Film Society muestra que para Saba el cine tampoco termina en la pantalla.

A través del programa Girls for Change, la organización capacitó a 600 adolescentes de comunidades marginadas de Líbano para utilizar cámaras y narrar sus sueños, preocupaciones y experiencias. Otro proyecto permitió que niñas y niños de entre ocho y 12 años afectados por la explosión de Beirut recurrieran a títeres y herramientas audiovisuales para contar experiencias relacionadas con el trauma.

La organización también desarrolla Cinema for Peace, dirigido a cineastas del mundo árabe interesados en construir narrativas vinculadas con la paz.

Así, sostuvo Saba, el cine puede ser al mismo tiempo una industria, una forma de expresión, una herramienta económica y un vehículo de transformación social.

Su mensaje final para quienes comienzan una carrera creativa regresó al punto de partida: no esperar a que las condiciones sean perfectas para comenzar. Una película, recordó, puede llegar a lugares a los que su realizador todavía no puede llegar.

La clase magistral fue realizada en el Foro de Cine de la IBERO, en colaboración con el Festival de Cine Libanés en México, cuya directora, Ginger Jabbour, es egresada de Comunicación de la Universidad.

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