La postura del Gran Muftí de Libia, representa un cambio significativo favorable a Irán

Abd al-Raḥmān al-Ghariani

Trípoli, Libia, África.- Las recientes declaraciones del Gran Muftí de Libia, el jeque Sadiq Abd al-Raḥmān al-Ghariani, sobre los Emiratos Árabes Unidos, representan un cambio significativo en el sentimiento favorable a Teherán dentro de los círculos religiosos sunitas del norte de África y Oriente Medio. Estas declaraciones, descritas como las más contundentes y explícitas de una autoridad religiosa prominente, vinculan directamente la intervención regional con la seguridad del Golfo, enmarcando los recientes acontecimientos sobre el terreno dentro de una «ecuación moral y represalia política».

Ataques a instalaciones vitales: «La responsabilidad del anfitrión»

En su análisis de los recientes ataques contra centros vitales y bases militares asociados a la presencia estadounidense en los Emiratos Árabes Unidos, al-Ghariani adoptó un discurso que combina dimensiones religiosas, políticas e históricas. El muftí libio afirmó que lo que los Emiratos Árabes Unidos presencian hoy no es un «acto aislado de agresión», sino una «consecuencia natural» de las políticas de Abu Dabi durante la última década y media.

Esta postura se fundamenta en principios jurídicos y políticos que sostienen:

La legitimidad de la represalia: Atacar instalaciones que facilitan las operaciones militares y de seguridad de Estados Unidos y sus aliados es una consecuencia automática de transformar la infraestructura del Estado en una plataforma de apoyo logístico para potencias extranjeras.

Consecuencias de esta postura: La responsabilidad legal y de seguridad por cualquier deterioro de la seguridad recae principalmente en los gobiernos que permitieron la presencia militar extranjera en sus territorios, y no en las partes, activas o pasivas, dentro del eje de la resistencia.

La memoria Libia presente en la escena regional

Al-Ghariani volvió a centrar la atención en el caso libio, recordando el papel de Abu Dabi desde 2011 en la frustración de las aspiraciones del pueblo a la independencia política y la autodeterminación. Según el análisis, el apoyo financiero, militar y de inteligencia proporcionado por los EAU a las partes involucradas en el conflicto interno en Libia, y la consiguiente profundización de la crisis humanitaria y la destrucción del proceso político, constituyen el núcleo de la inestabilidad que enfrenta la región hoy.

Desde esta perspectiva, las declaraciones no fueron simplemente una reacción inmediata a la escalada militar entre Teherán y Washington, sino más bien una expresión de «acumulación geopolítica» que reconecta las crisis árabes, considerando que el Estado que contribuyó a la represión de los movimientos populares ahora enfrenta las consecuencias de sus decisiones estratégicas.

Los mensajes estratégicos del Gran Muftí se centran en:

Redireccionar la acusación: Responsabilizar directamente a los EAU de su actual fragilidad en materia de seguridad como resultado de su sumisión a agendas extranjeras.

Movilizar a la opinión pública: Llamar la atención de las sociedades árabes sobre el vínculo orgánico entre las intervenciones militares extranjeras y el deterioro de la estabilidad interna en los Estados intervinientes.

El enfoque sunita: Interpretar las transformaciones sobre el terreno como un resultado objetivo y una consecuencia natural de las políticas de los ejes. Polarización regional y su impacto en las élites árabes

Las posturas de Al-Ghariani cobran mayor relevancia al provenir de una figura sunita prominente cuyo discurso trasciende los estrechos cálculos sectarios, situando el apoyo a la República Islámica de Irán en el contexto de un «deber religioso y moral» frente a las potencias coloniales y la entidad sionista.

Se espera que este enfoque tenga una amplia repercusión en:

Movimientos islámicos y nacionalistas: al proporcionar un marco político legítimo que trasciende las diferencias tradicionales en favor de la independencia y el desafío a la hegemonía.

Élites intelectuales y políticas: que ahora perciben el conflicto actual como una marcada polarización entre dos proyectos: uno basado en la resistencia y la preservación de la soberanía, y otro basado en una alianza con las potencias occidentales para imponer una nueva realidad regional.

En definitiva, la reciente postura del Gran Muftí de Libia va más allá de la mera solidaridad política, estableciendo una nueva fase de análisis crítico en el panorama intelectual árabe. Un análisis que considera los ataques contra los intereses occidentales y sus aliados en la región como el inicio de un nuevo equilibrio de poder, que redefine los límites de la influencia y la responsabilidad en Oriente Medio basándose en la siguiente ecuación: «Quienes siembran la intervención cosechan inestabilidad».

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