En Coahuila, señalan industriales que la infraestructura nacional limita la competitividad

Saltillo, Coahuila, México, América.- La clase política mexicana opera en una desconexión estratégica, o lo que el sector industrial denomina “modo avión”, ante una coyuntura marcada por riesgos geopolíticos, presiones arancelarias y una desaceleración económica evidente.
Juan Carlos López Villarreal, presidente del Consejo del Grupo Industrial Saltillo (GIS), advirtió que la acumulación de factores externos, sumada a la incertidumbre generada por cambios locales, ha encarecido significativamente los costos para la empresa formal y el empleo de calidad.
Esta presión, lejos de ser coyuntural, se integra a una estructura operativa que enfrenta barreras de entrada y expansión cada vez más rígidas.
La viabilidad de la inversión en México pende de un sistema de infraestructura que el ejecutivo calificó como saturado y colapsado en todas sus vertientes, carretera, ferroviaria, portuaria y aérea.
Señaló que a este rezago se suma la falta de capacidad en el suministro de energía eléctrica, un insumo crítico para el desarrollo industrial. Para el PIB manufacturero -el valor monetario total de la producción generada por el sector de transformación-, estas deficiencias no representan solo un obstáculo logístico, sino una barrera que inhibe la atracción de nuevas inversiones globales, afectando directamente la capacidad instalada de estados industriales como Coahuila.
Argumentó que el incremento en la carga laboral, sumado a las deficiencias energéticas, ha reconfigurado el mapa de costos de las corporaciones mexicanas, obligándolas a operar con márgenes reducidos frente a competidores internacionales que no enfrentan tales limitaciones de infraestructura básica.
La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) se perfila como un punto de inflexión cuya resolución carece de claridad en el corto plazo. López Villarreal enfatizó que la naturaleza de este acuerdo ha dejado de ser un instrumento meramente económico para convertirse en un tema de política exterior y seguridad nacional para los países socios.
Dijo que esta reconfiguración exige una nueva estrategia de negociación que trasciende los números del comercio tradicional, demandando una visión diplomática y de Estado que actualmente parece ausente.
El mercado se mantiene a la expectativa de señales claras sobre la postura diplomática en la próxima revisión del T-MEC y la capacidad del Estado para ejecutar inversiones estratégicas en infraestructura energética, factores que determinarán si la desaceleración actual se convierte en una tendencia de largo plazo para el sector manufacturero.
