El progresista Iván Cepeda, busca la Presidencia de Colombia

Bogotá, Colombia, América.- Iván Cepeda buscará hoy la presidencia de Colombia y espera ganar en primera vuelta. Su proyecto político y programático representa la consolidación del progresismo, gobernar bajo la égida de combatir la pobreza e instalar una senda de transformación social y económica que emprendió su mentor político: Gustavo Petro.

Los 63 años de vida de Iván Cepeda, candidato por el Pacto Histórico, se pueden resumir en la lucha por la supervivencia, los derechos humanos, la búsqueda incesante de la paz y la erradicación de la pobreza.

El candidato emergió en la política tras el asesinato de su padre, el senador Manuel Cepeda Vargas, por grupos paramilitares en connivencia con sectores de la inteligencia del ejército Nacional el 9 de agosto de 1994. El magnicidio de su padre lo sacó de la comodidad académica para asumir el activismo del lado de las más de 10 millones de víctimas del conflicto armado.

Aída Quilcué, indígena Nasa, también víctima del conflicto armado, es su acompañante de fórmula vicepresidencial.

Cepeda, senador, ha sido congresista 16 años y su labor parlamentaria la dedicó a respaldar una agenda social encaminada a dignificar a las víctimas, reducir los índices de desigualdad y sacar de la pobreza a cerca de 30 millones de colombianos. “Igual que en México, por el bien del país, primero los pobres”, repite constantemente en sus discursos públicos y entrevistas.

Transversal a su vida política aparece en sus investigaciones y debates parlamentarios el ex presidente Álvaro Uribe Vélez –jefe natural de la extrema derecha colombiana– a quien investigó por sus relaciones con el paramilitarismo ejerciendo la presidencia, para controvertirlo, de nuevo, cara a cara, siendo ambos senadores (2014-2018), documentos en mano, sobre la creación de las llamadas Convivir (paramilitarismo) en su departamento, Antioquia.

Cepeda demandó a Uribe por soborno y manipulación de testigos y logró llevar al banquillo de los acusados, por primera vez, a un ex presidente; fue condenado a 12 años de cárcel y después exonerado por una sala de magistrados con argumentos extraños.

Para muchos columnistas esta rencilla política y judicial apuntaló a Iván Cepeda como el rival más poderoso desde la izquierda para disputarle la hegemonía a la oligarquía colombiana, ya derrotada por el hoy presidente Gustavo Petro, hace cuatro años.

“El presidente Petro es el líder natural del progresismo y sin duda cambió la realidad política, económica y social del país y en esa dirección se define mi propuesta programática para darle continuidad a una agenda que revolucione el país”, aseguró Cepeda en una entrevista reciente.

“La paz no mata”, respondió a una pregunta que cuestionaba La Paz Total del actual gobierno, que será un eje fundamental también en el suyo, prometió luego de destacar que “nunca valora los esfuerzos de paz como un fracaso”.

La agenda económica de Cepeda busca recoger los logros de Petro en materia agropecuaria, industrial, el impacto en la reducción de pobreza y agudizar la transición energética de una economía dependiente de los comodites (petróleo y carbón) a una productiva que convierta a Colombia en la despensa alimentaria, no sólo del país, sino del mundo. “Tenemos el potencial para serlo”, ratificó.

“Vamos a construir un verdadero acuerdo nacional que sea el resultado de un diálogo entre todas las fuerzas políticas, económicas y sociales, y no simplemente la reproducción de un pacto elitista en Colombia”, proclamó tras advertir que “no busco estatizar la economía, busco volverla más productiva que permita neutralizar los efectos negativos del cambio climático”.

Un problema de Colombia es la corrupción; ni el gobierno de izquierda de Petro se salvó de sus tentáculos; para superar este flagelo, que Cepeda considera “un sistema maligno dentro de la administración pública”, propone crear un “Sistema Nacional Anticorrupción”.

Sobre el crucial tema del narcotráfico, cuyo combate considera que ha sido un rotundo fracaso, estimó continuar y profundizar la política de sustitución voluntaria de cultivos ilícitos (hoja de coca) implementando una profunda inversión social en los territorios afectados por el tráfico de estupefacientes.

“Sólo así, llevando presencia del Estado con obras que cambien la realidad de las comunidades, es que lograremos sacar a los campesinos de este flagelo”, enfatizó. La paz y los derechos humanos serán centrales en su gobierno, aseveró.

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