La ciencia detrás de las alergias estacionales: UAM

Tlalpan, Ciudad de México, México, América.- Cuando llega la primavera, muchas personas comienzan a experimentar estornudos constantes, ojos irritados y congestión nasal, síntomas que a simple vista parecen los de un resfriado común. Detrás de estas molestias cotidianas se esconde un proceso distinto, una reacción del sistema inmunológico que, al entrar en contacto con ciertas sustancias del entorno, se activa de manera desmedida. Se trata de alergias estacionales, que aparecen en ciertas épocas del año y están vinculadas al polen que liberan los árboles y las plantas, a las partículas que flotan en el aire o incluso a los cambios bruscos en el clima.

Lejos de ser una simple sensación pasajera, especialistas de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) explican que estos malestares tienen una base científica profunda. Detrás de cada estornudo hay un ejército de células de defensa que se moviliza, moléculas inflamatorias que se liberan y una compleja interacción entre el organismo y el medio. Lo que para algunos es solo una molestia menor, para el cuerpo significa una batalla silenciosa que se libra cada vez que el sistema inmune identifica como amenaza aquello que debería ser inofensivo.

El doctor Jorge Ismael Castañeda Sánchez, profesor del Departamento de Sistemas Biológicos y secretario de la División de Ciencias Biológicas y de la Salud de la Unidad Xochimilco, señala en entrevista que las afecciones estacionales tienen un comportamiento casi de calendario, aparecen justo cuando ciertos alérgenos deciden tomar el ambiente, y circulan con mayor fuerza en momentos muy específicos del año como si siguieran una agenda propia de la naturaleza.

En México y en gran parte del mundo, comenta el investigador, una de las manifestaciones más comunes es la rinitis alérgica, conocida también como fiebre del heno. Sus signos se concentran en las vías respiratorias y en los ojos.

“La principal diferencia con un proceso infeccioso es que no hay fiebre. Los malestares se concentran en ojos, nariz o garganta, mientras que en las infecciones suele haber malestar general o temperatura elevada”, dice el doctor Castañeda Sánchez.

Lagrimeo, irritación ocular, escurrimiento nasal y estornudos constantes, son las principales características de la rinitis alérgica. Durante la afección no hay agotamiento o debilitamiento del cuerpo; una persona logra continuar con sus actividades sin caer en cama, aunque con padecimientos que varían según el escenario climático.

Diversos estudios han demostrado que la contaminación atmosférica los intensifica. En las grandes ciudades, el polen también interactúa con los contaminantes atmosféricos y genera partículas más reactivas.

“En entornos urbanos el polen se vuelve más reactivo debido a la contaminación y a la formación de radicales libres, lo que aumenta la incidencia de reacciones alérgicas”, sostiene en diálogo el doctor Fernando Rodríguez Ramos, investigador del Departamento de Sistemas Biológicos de la misma unidad universitaria.

Las condiciones del clima y la contaminación son otros de los elementos que agravan estas afecciones. “Hay individuos que traen un fondo genético que los predispone a padecer hipersensibilidad. Inician con reacciones a alimentos o ácaros y desarrollan sensibilidad a pólenes u otros componentes ambientales”, suma a la explicación Castañeda Sánchez.

Estos padecimientos tienen un origen molecular y surgen cuando el sistema inmunológico identifica ciertas sustancias como amenazas, dijo Rodríguez Ramos.

“Cuando una persona entra en contacto con un alérgeno, el organismo genera anticuerpos y activa células de defensa que liberan sustancias químicas responsables de la respuesta inflamatoria”, describe.

Entre las sustancias destaca la histamina, molécula que desempeña un papel central en la aparición de los cuadros clínicos, “actúa como una señal de alarma en el organismo. Cuando se libera, provoca dilatación de los vasos sanguíneos, inflamación y producción de moco, lo que genera incomodidades como congestión nasal, estornudos o irritación ocular”, añade el doctor Rodríguez Ramos.

Antihistamínicos, escudos protectores

Para controlar estas reacciones se utilizan antihistamínicos, medicamentos diseñados para bloquear la acción de la histamina. “Los antihistamínicos se unen a los receptores de histamina en las células e impiden que esta molécula desencadene la respuesta inflamatoria”, agrega.

Hoy existen distintas generaciones de estos medicamentos, algunos todavía provocan somnolencia, pero otros, más avanzados, ya reducen este efecto secundario.

La investigación farmacológica busca desarrollar tratamientos más específicos, capaces de regular la respuesta inmunológica antes de que se desencadene la reacción alérgica. Aunque no siempre es posible evitar el contacto con los alérgenos que viven en el ambiente, los doctores coinciden en que reconocer las afectaciones a tiempo y acudir con un médico es fundamental para evitar complicaciones.

Rodríguez Ramos alerta que uno de los errores más comunes es la automedicación y que se debe evitar, porque cada paciente requiere un tratamiento específico según el tipo de alergia que padece. Por su parte, Castañeda Sánchez recomienda identificar el alérgeno y mantener medidas básicas de prevención; esto ayuda a controlar el cuadro clínico y mejora la calidad de vida de quienes padecen estas reacciones estacionales.

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