En la UAM, investigan chinches besuconas para evitar enfermedades

Tlalpan, Ciudad de México, México, América.- En México, la enfermedad de Chagas es considerada un padecimiento desatendido debido a su dificultad para diagnosticar y tratar a su fase silenciosa y a los escasos grupos que trabajan con esta afección comparada con países de Sudamérica, afirmó la doctora Guiehdani Villalobos Castillejos, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
La académica adscrita al Departamento de Producción Agrícola y Animal de la Unidad Xochimilco argumentó que, aunque se reconoce como un problema de salud pública, resulta complicado contar con datos precisos sobre su incidencia, ya que las técnicas de diagnóstico varían entre laboratorios. Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda realizar tres pruebas y considerar un caso positivo solo cuando al menos dos resultan reactivas.
Las llamadas chinches besuconas o triatominos son insectos hematófagos; es decir, que se alimentan de sangre humana o animal, responsables de transmitir el parásito Trypanosoma cruzi, causante de la enfermedad de Chagas, descrita por primera vez en Brasil en 1909.
“Les llaman así porque suelen picar alrededor de la boca o en el rostro, ya que son atraídas por el calor corporal y el dióxido de carbono que exhalamos al respirar. Sin embargo, pueden picar en cualquier parte del cuerpo”, detalló.
En entrevista, sostuvo que en este país se han reportado alrededor de 32 especies de triatominos, distribuidas en todo el territorio nacional, con excepción de la Ciudad de México, donde solo existen registros antiguos. Algunos grupos se ubican en zonas desérticas, como Sonora, aunque en general se desarrollan en climas cálidos y son exclusivas del continente americano, desde el sur de Estados Unidos hasta el norte de Argentina.
Contrario a lo que se podría pensar, las chinches besuconas son insectos de gran tamaño. Los adultos pueden alcanzar hasta cinco centímetros de longitud. Antes de llegar a su etapa adulta, atraviesan cinco estadios morfológicos.
En tanto, la enfermedad de Chagas presenta dos fases: una aguda, que dura entre dos y ocho semanas, y una crónica, que puede mantenerse por años sin síntomas visibles. Cerca de 30 % de las personas infectadas desarrollan complicaciones cardíacas o digestivas graves, que en algunos casos pueden ser mortales.
En esta nación desde hace unos 15 años, la detección del parásito en bancos de sangre es obligatoria. Esto debido a que la enfermedad puede transmitirse no solo por la picadura de la chinche, sino a través de transfusiones sanguíneas, trasplantes de órganos o de madre a hijo durante el embarazo.
Clasificación y vías de contagio
Aunque las chinches besuconas no vuelan y tienen poca movilidad, es factible que se refugien en casas rurales o zonas con acumulación de madera, piedra o palma. Si bien su presencia se asocia a áreas rurales, también pueden estar en jardines de zonas residenciales, en sitios donde se acumula leña o rocas en donde el insecto encuentra refugio y alimento disponible.
Por esta razón, se recomienda mantener los espacios limpios y acudir a las autoridades sanitarias si se encuentra un ejemplar, en lugar de eliminarlo, para que sea analizado e identificado.
De acuerdo con la especialista en parásitos, estos insectos se pueden clasificar dependiendo sus ciclos de transmisión de la enfermedad entre domésticos (cuando involucra de manera principal al ser humano), peridomésticos (participan mascotas o animales de compañía) y silvestres (circula entre mamíferos y chinches en ambientes naturales).
“Si en un lugar se encuentran adultos y ninfas, es probable que la especie ya esté establecida, indica que completó su ciclo de vida en ese sitio”, indicó la investigadora. “En cambio, cuando solo se observan adultos en número reducido, podrían tratarse de ejemplares atraídos por la luz”.
Una vez que la chinche pica, defeca y el parásito entra al organismo, este circula por la sangre entre dos y ocho semanas antes de invadir las células. En la fase crónica, puede permanecer latente por años, sin síntomas visibles. Alrededor de 30 % de los infectados desarrolla afecciones cardíacas o digestivas graves, como cardiomegalia o agrandamiento intestinal, que pueden resultar mortales.
Aunque es poco común que la chinche se establezca dentro de las viviendas, es factible encontrarse en patios o corrales, donde se alimenta de perros, aves o gallinas, reduciendo de forma parcial su contacto con humanos.
La doctora Villalobos Castillejos explicó que forma parte de un grupo de investigación donde se trabaja en la caracterización genética y biológica de las chinches y en la búsqueda del parásito Trypanosoma cruzi en fauna silvestre como mapaches, coatíes y aves.
Incluso, se ha detectado el parásito en un búho, lo que abre nuevas líneas de investigación sobre su presencia en especies no consideradas reservorios naturales.
La especialista destacó la importancia de la divulgación científica para la prevención. “Nuestro trabajo no solo se queda en los artículos académicos. Es fundamental que la sociedad conozca a estos insectos, los identifique y sepa qué medidas tomar”.
Consideró que todavía falta mucho conocimiento no solo respecto a los insectos, sino al desarrollo de técnicas diagnósticas fiables para la detección del parásito, ya sea en fauna y en poblaciones humanas.
Controlar más que erradicar
La investigadora de la UAM enfatizó la importancia de controlar las poblaciones domésticas y peridomésticas de las chinches y no tratar de erradicar una especie que si se encuentra en zonas silvestres no representa un riesgo para áreas humanas.
La fragmentación y destrucción de hábitats ha permitido que poblaciones silvestres se muden. Las personas construyen en estas zonas y la chinche busca alimentarse lo cual provoca que llegue a pasar de manera directa a dichas poblaciones, manifestó.
“Existen chinches sinantrópicas, capaces de desplazarse entre ambientes silvestres y domésticos. Todavía no sabemos cómo las variaciones genéticas de los parásitos pueden afectar a los humanos. A menudo la gente siente repulsión hacia estos insectos, pero en realidad son organismos fascinantes y aún poco conocidos a nivel biológico”.
La académica concluyó que el conocimiento y la concientización son claves para reducir el riesgo de contagio. “La gente puede reconocer a la chinche, pero muchas veces no sabe que representa un peligro. Falta fortalecer la educación y la vigilancia epidemiológica”.
